Publicado: 25-07-2006
La
moralidad no está en nuestro lado
NNi
siquiera el hecho de que Hezbollah haya "empezado" la crisis cuando
secuestró a soldados israelíes trasponiendo una frontera internacional
inclina la balanza de la justicia hacia nuestro lado. La amarga verdad es que
ésta no es una guerra justa.
Por Ze'ev Maoz
Podría decirse que en Israel hay un consenso general de que la guerra
en el Norte es una guerra justa y que la moralidad está de nuestro lado.
Pero la amarga verdad debe decirse: este acuerdo general está basado
en una memoria selectiva de corto alcance, una mirada introvertida y dobles
estándares.
Esta guerra no es una guerra justa. Israel está usando una fuerza excesiva
sin distinguir entre la población civil y el enemigo, cuyo único
propósito es la extorsión. Esto no quiere decir que la moralidad
y la justicia estén del lado de Hezbollah. Ciertamente que no. Pero ni
siquiera el hecho de que Hezbollah haya "empezado" la crisis cuando
secuestró a soldados israelíes trasponiendo una frontera internacional
inclina la balanza de la justicia hacia nuestro lado.
Empecemos con unos hechos. Nosotros invadimos un estado soberano y ocupado su
capital en 1982. En el proceso de esta ocupación, arrojamos varias toneladas
de bombas desde tierra, mar y aire, matando e hiriendo a miles de civiles. Según
una estimación conservadora, fueron matados aproximadamente 14.000 civiles
entre junio y septiembre de 1982. La mayoría de esos civiles no tenía
nada que ver con la OLP, cuya presencia en el Líbano fue el pretexto
oficial de la guerra.
En los operativos Responsabilidad y Uvas de Ira, nosotros causamos el éxodo
de aproximadamente 500.000 refugiados del sur del Líbano en cada ocasión.
No hay datos exactos sobre las víctimas de estas operaciones militares,
pero no podemos olvidar que en la operación Uvas de Ira bombardeamos
un refugio en el pueblo de Kafr Kana y matamos a 103 civiles. El bombardeo pudo
haber sido accidental, pero eso no lo convirtió en más moral.
El 28 de julio de 1989, nosotros secuestramos a Sheikh Obeid, y el 12 de mayo
de 1994, a Mustafa Dirani, que había capturado al soldado Ron Arad. Israel
manuvo a estas dos personas y a otros 20 libaneses detenidos sin juicio, como
"prenda de negociación". Lo que es permisible para nosotros,
claro, está prohibido para Hezbollah.
Hezbollah cruzó una frontera econocida por la comunidad internacional.
Eso es verdad. Pero nosotros estamos olvidando que tras nuestro retiro del sur
del Líbano, la Fuerza Aérea de Israel ha violado diariamente el
espacio aéreo libanés para misiones de vigilancia. Aunque estos
vuelos no causaron ninguna respuesta, las violaciones fronterizas son violaciones
fronterizas. Aquí tampoco la moralidad estuvo de nuestro lado.
Demasiadas cosas para la historia de la moralidad. Ahora, consideremos los temas
actuales. ¿Cuál es exactamente la diferencia entre el lanzamiento
de cohetes Katyushas en los centros de población civil en Israel y los
bombardeos israelíes de centros de población civil en Beirut,
Tiro, Sidón y Trípoli? La Fuerza Aérea Israelí ha
disparado miles de misiles a los pueblos del sur del Líbano, alegando
que los hombres de Hezbollah se mimetizan entre la población civil. Hasta
la fecha, han muerto aproximadamente 25 civiles israelíes como resultado
del lanzamiento de los cohetes Katyusha. El número de muertos en el Líbano,
la inmensa mayoría de ellos civiles sin vinculación con Hezbollah,
supera los 300.
Peor todavía: bombardeando blancos civiles como estaciones de energía,
puentes y otras infraestructuras no militares hemos convertido a toda la población
civil libanesa en víctima y rehén, aun cuando no los dañemos
físicamente. El uso de bombardeos para lograr una meta diplomática
-es decir, forzar al gobierno libanés a cumplir la Resolución
1559 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas- es un intento de chantaje
político, y de ninguna manera busca provocar un intercambio de prisioneros
con Hezbollah.
La propaganda es uno de los aspectos de esta guerra, y consiste en una competencia
acerca de quién es el más miserable. Cada lado intenta persuadir
al mundo de que el más miserable es el otro. Como en cada campaña
de propaganda, el uso de información es selectivo, distorsionada y escasamente
rigurosa. Si nosotros queremos basar nuestra información política
(¿o lo llamaremos la propaganda?) en la presunción de que la opinión
pública internacional va a comprar la dudosa mercancía que le
estamos vendiendo, está bien. Pero en lo que se refiere a nuestro propio
ser nacional, debemos confrontarnos con la más cruda verdad: Quizá
nosotros ganemos este conflicto en el campo militar, quizá obtengamos
añguna ventaja diplomática, pero en el plano moral, no somos mejores
ni tenemos un estatus especial.
La fuente: Haaretz
(Tel Aviv, Israel). El autor es profesor de Ciencia Política en la Universidad
de Tel Aviv. la traducción del inglés pertenece a Sam More para
elcorresponsal.com.
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