Publicado: 21-11-2002
Las cuerdas del maestro
de marionetas
Occidente
quiere democracia para Africa más que cualquier cosa, pero la relación
de Africa con los gobiernos democráticos es, en el mejor de los casos,
provisional. Mientras los lideres africanos se sientan más comprometidos
con Occidente que con su propia gente, la democracia seguirá siendo frágil.
Aminatta Forna, escritora sierraleonesa, reflexiona sobre las condiciones en
que se producen las relaciones de apoyo del mundo desarrollado al continente
más postergado del planeta. Ayuda y deuda -dice- son dos caras de la
misma moneda. Ayuda y deuda son las cuerdas del maestro de marionetas.
Aminatta
Forna
El
camino que lleva a la aldea, más de una hora desde el pueblo más
cercano, está bordeado por bosta de elefante de dos metros de alto. Los
niños salen corriendo hacia el coche, rodeándonos en segundos.
En una plaza central hay un pozo y el lugar de encuentro de la ciudad. Estamos
en Sierra Leona. Es bello, pintoresco, olvidado. Esperaba recibir la bienvenida
que nos están dando. La gente que vive aquí son mis familiares.
Es la primera vez que visito la aldea donde mi padre nació.
La
única señal de las últimas elecciones, las primeras desde
que la guerra civil, que duró 10 años, terminó el año
pasado, es un póster descolorido por el sol pegado en una de las casas.
Las elecciones fueron vistas mayoritariamente como un éxito para Sierra
Leona y para las Naciones Unidas, que se ha esforzado para llevar la paz al
país. Es uno de los pocas historias de éxitos en Africa.
Occidente
quiere democracia para Africa más que cualquier cosa, pero la relación
de Africa con los gobiernos democráticos es, en el mejor de los casos,
provisional: demasiado a menudo los líderes elegidos se perpetúan
en el poder, demasiado a menudo los cambios se producen por golpes de estado.
¿Qué
ocurre en Africa para que surjan tantos regímenes autocráticos?
En esta aldea no hay escuela. No hay teléfonos, seguramente tampoco televisión,
ni siquiera radio. La comunicación con el mundo exterior raramente existe.
Los aldeanos, niños incluidos, trabajan doce horas al día en los
campos y viven en un nivel de subsistencia. El póster de las elecciones
habla de democracia y libertad, urgiendo a los votantes a ejercitar sus derechos.
Pero el mensaje se pierde en los vecinos. Nadie aquí puede leerlo. El
nivel de analfabetismo se acerca al 80%, el peor de Africa. El jefe de la aldea
es analfabeto. También lo es el jefe principal de la región.
La
democracia para cada nación en vías de desarrollo se ha convertido
en un objetivo inalcanzable. Pero cómo la democracia podría funcionar
en la práctica para personas estos los aldeanos, es un interrogante que
incomoda, una cuestión a la que las elites occidentales ponen la mirada
perdida y los oídos sordos.
La
clave para el funcionamiento de una democracia es un pueblo que pueda escudriñar
las acciones de su liderazgo. En Inglaterra tenemos medios de comunicación
implacables y una población altamente alfabetizada. Sin embargo, en reconocimiento
a la fragilidad de los derechos democráticos, organizaciones como Charter
88 dedican sus esfuerzos a protegerlos. Incluso así, muchos de nosotros
descubrimos recientemente que el primer ministro no requiere la autoridad del
Parlamento para declarar la guerra a otro estado. Si esto puede ocurrir en Inglaterra,
¿qué probabilidades tiene el africano de zonas rurales, en general,
de vigilar a sus líderes?
No
hay impuestos sin representación: en Occidente nuestra contribución
al estado es lo que nos da el derecho al premio. En la aldea africana en la
que estoy, mis familiares no pagan impuestos. El líder africano, como
todos estos en las naciones más pobres, tienen que buscar fuentes alternativas
de ingresos, sean concesiones de explotación de minerales, madera o petróleo.
Este mecanismo, si el dirigente no tiene escrúpulos, ofrece otras ventajas.
En lugar de contribuyentes sistemáticamente enojados a los que rendir
cuentas, tiene una fuente directa de ingresos sin requerimientos de demasiadas
explicaciones. Otra verdad emerge: no hay representación sin impuestos.
Aún
más redituables son los fondos ofrecidos en la forma de préstamos
extranjeros y paquetes de ayuda. Los préstamos vienen con muchas condiciones.
Y tendrán que ser devueltos por generaciones futuras no importa de sí
han beneficiado. Cuando el gobierno falta, el Banco Mundial o el Fondo Monetario
Internacional pueden dictar la política doméstica. El FMI ha ordenado
a la Argentina cortar el gasto social y eliminar el subsidio a industrias locales.
La Argentina está todavía en el caos.
Ayuda y deuda son dos caras de la misma moneda. Gran parte de la ayuda es repartida
en la esperanza de comprar lealtades. Estados Unidos ha jugado largamente a
este juego.
La
alianza tácita de Pakistán contra los talibanes resultó
en una reducción por parte del FMI del préstamo para la pobreza
de 1.300 millones de dólares, junto con concesiones comerciales. Las
deudas masivas del país han sido renegociadas. Ayuda y deuda son las
cuerdas del maestro de marionetas. Esta es la razón por la cual persuadir
a los gobiernos poderosos es tan difícil, si no es en su propio interés
hacer eso.
Los
campeones de la ayuda gobierno a gobierno argumentarán que los fondos
pueden ser igualmente ser usados como punta de lanza de reformas democráticas.
Esto es casi cierto en ocasiones. Pero la noción de obligar la instalación
de gobiernos democráticos es contradictoria. Los gobiernos del Tercer
Mundo no responden a su gente sino a los ministros de otros gobiernos más
poderosos.
La
verdadera democracia crece desde las raíces. La ayuda, si va a ser dada,
debería ser dirigida a formar a la gente para convertirlos en ciudadanos
activos. Lo que la gente en la aldea de mi familia necesita es poder abogar
para ellos mismos, escudriñar las acciones tomadas en su nombre y mantener
sólo a sus líderes responsables.
La
fuente: Aminatta Forna es escritora, hija de un dirigente político
asesinado en Sierra Leona. Su último libro es "Africa sin máscara:
Sueño del dictador". Este artículo fue publicado previamente
por www.globalizate.org.
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La inocencia perdida
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| Aminatta
Forna. |
Cuando
las pantallas de la televisión occidentales empezaron a mostrar
imágenes de mujeres y niños con los miembros amputados,
producto de la guerra civil de Sierra Leona iniciada a comienzos de la
década de 1990, la cruda explicación fue que una generación
de jóvenes desencantados habían sido incitados por milicias
libanesas y liberianas, hambrientas de diamantes, para rebelarse contra
un poder corrupto e incompetente. La historia de la ejecución del
padre de Aminatta Forna bajo cargos de traición, 25 años
antes de que cualquiera hubiera podido hablar del Frente Unido Revolucionario,
da una arquitectura más personal para entender el horror de los
años noventa en las guerras de Sierra Leona, Liberia y Guinea.
Mohamed Forna probablemente haya sido el hombre más inteligente
de su generación en Sierra Leona -un médico educado en Escocia,
ex ministro de Finanzas, que se convirtió en vocero de muchos países
en vías de desarrollo y líder de una oposición que
dio esperanzas a los sierraleoneses acerca de que la independencia significaría
mejor salud y educación para todos. El doctor Forna admitió
haberse equivocado al no entender que en Africa "política
y violencia son inseparables". Extremamente orquestada, la violencia
fue siempre la norma de los dos partidos políticos dominantes en
Sierra Leona. Golpes, arrestos, exilios y más violencia eran la
constante.
Para Aminatta, la más joven de sus tres niños, el doctor
Forna fue un padre atento y adorado, cuya lealtad a sus principios políticos
arrastraron a la familia a través de nueve casas en seis años.
De la alegría de una vida infantil en un pequeño pueblo
de Sierra Leona en los años de la independencia, Aminatta pasó
a vivir años fríos y difíciles en Escocia, en una
escuela de internos. En Freetown ella había vivido en el seno de
una familia numerosa, de la recordará la cálida compañía
de los cocineros, que contaban historias interminables. En su libro "El
diablo que danza sobre el agua" ella evoca esa vida con maestría
y nostalgia por el mundo desaparecido. La escuela de internas, donde su
mejor amiga, en un descuido, le dijo que no podía invitarla a su
fiesta porque su padre "no gusta a los negros", fue una experiencia
terrible para una niña que vivía en la soledad e incomprensión.
Pero la incomprensión más profunda que subyace en la vida
juvenil de Aminatta tiene que ver en la lenta desintegración del
matrimonio de sus padres. El racismo abierto apareció en el seno
familiar cuando su madre se casó con un funcionario de las Naciones
Unidas blanco, después de un rápido divorcio en México,
y entonces le dijo a Aminatta que no jugara más con "los niños
africanos". Su madre escocesa, o la Reina Madre, como la llamaban
los niños, desapareció de sus vidas excepto por una tarjeta
de Navidad cada tanto después de que Forna obtuvo la custodia de
los niños y la casa familiar en Freetown.
Su nueva madrastra, Auntie Yabome, que despidió a su mejor amigo
en la casa, el mayordomo, dio un golpe emocional muy fuerte a la pequeña
Aminatta, por entonces de 6 años. Pero Yabome surgió como
una heroína cuando el complot político contra el doctor
Forna se estaba cerrando. Ella logró sacar de contrabando a los
niños del país y darles una nueva vida en Inglaterra, y
esa valentía y lealtad marcarán a Aminatta para toda la
vida. Su cooperación para este libro le ha permitido a Aminatta
desenterrar la extraña historia del complot ideado contra Forna.
En el segundo la mitad del libro, Aminatta regresa a Sierra Leona como
un adulto, periodista, determinada a destapar la verdad de la muerte de
su padre. Como Gillian Slovo, quien en "Cuestiones estrictamente
confidenciales" se interna en Sudáfrica y confronta al
presunto asesino de su madre, ella fue impelida a encontrarse con los
hombres que traicionaron a su padre. Ella rastreó los testimonios
usados para construir el caso contra su padre, una causa basada en declaraciones
hechas bajo la tortura y manipulaciones de la policía. Fue un trabajo
de agonía. Sus entrevistas con esos hombres ahora quebrados son
sumamente movilizadoras, y cuenta a todo el mundo todo lo que desapareció
con su padre.
Aminatta no había previsto el impacto personal que le causaría
la investigación. "Yo me había pasado 25 años
en la ignorancia y en un año se destaparon muchas verdades -dice-.
Sentí que este conocimiento terrible, de mentiras y manipulación,
codicia y corrupción, miedo y violencia, había estado siempre
conmigo. Entonces, fue la inocencia perdida. El país había
cambiado, yo había cambiado y el pasado se alteró irrevocablemente."
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