Publicado: 02-12-2002
La deuda
que Occidente no termina de reconocerle a Africa
Cuatro
siglos de esclavitud, seguidos de años de colonización, una fase
de independencia controlada y un período de ajuste feroz llevaron a Africa
a la postración en la que se encuentra. Europa y Estados Unidos tienen
allí una deuda superior a la que les reclaman a los países subdesarrollados,
una deuda que debe y puede repararse.
Por
Justin Podur
Los
argumentos contra las indemnizaciones a África se centran en detalles:
¿Cómo pueden medirse, y pagarse, las millones y millones de vidas
destruidas durante siglos? ¿El problema quedará resuelto cuando
se logre acordar y pagar una cifra? ¿Puede haber una compensación
adecuada para siglos de esclavitud, colonización y destrucción?
¿Podemos considerar a un grupo de personas responsable por las acciones
de sus antepasados? ¿Dónde encajaría la explotación
actual?
Una
forma de resolver el tema es dejar de pensar en qué sería una
compensación adecuada por la esclavitud. El crimen es demasiado grande,
fue cometido por demasiada gente, a lo largo de demasiado tiempo; con tantos
perpetradores y víctimas muertas, que una restitución, en el sentido
de castigar a los perpetradores haciéndoles pagar una compensación
a las víctimas, es imposible.
Además,
imagínense si se lograra acordar y pagar una cifra, haciendo para ello
una transferencia directa desde gobiernos occidentales hacia países africanos.
¿Verían el dinero, algún día, las personas que más
lo necesitan? ¿Se utilizaría el dinero para enfrentar los problemas
serios que afectan a África? ¿O la operación entera sería
usada para hacer "relaciones públicas", con las que Occidente
limpiaría su conciencia sin tener que resolver los problemas que creó?
Sin cambios fundamentales en las relaciones de poder entre África y Occidente,
los logros reales de las indemnizaciones se devorarían rápidamente.
Por otro lado, las indemnizaciones podrían darse bajo la forma de una
"reforma reformista" -que apoya la lógica del sistema actual
con una transferencia rápida de recursos que volverían más
rápido aún desde África a Occidente- o bajo la forma de
una "reforma no reformista", que va en contra de la lógica
del sistema actual y moviliza al mundo hacia una mayor equidad y solidaridad.
Un
camino hacia un programa de indemnizaciones "no reformistas" puede
darse a través de una focalización sobre el daño hecho
a la sociedad africana con la esclavitud, el colonialismo, las intervenciones
militares y los programas de ajuste estructural, así como también
en la forma de reparar esos daños. La pregunta de ¿qué
le corresponde a África? pasa a ser: "¿Qué se necesitará
para poner a África en igualdad de condiciones con el resto del mundo,
con todas las mejoras de calidad de vida, infraestructura, tecnología
y ecología que esto implica?". Con relación a la pregunta
de cuál sería el origen de estos fondos, la respuesta es que hay
suficiente dinero en los niveles superiores, o sea que los recursos serían
transferidos desde las instituciones que actualmente continúan con el
saqueo de África: empresas, gobiernos e instituciones militares.
El
daño ocasionado por Europa (y Norteamérica) a África se
dio en cuatro fases. La primera fue el período de esclavitud, 1450-1850.
La segunda fue el período de colonización, 1850-1960. La tercera
fue en la independencia temprana, 1960-1980. La cuarta fue en el período
de ajuste estructural, de 1980 a la actualidad.
Esclavitud
En
su libro "The African Slave", Basil Davidson sintetiza el daño
inflingido por la relación de esclavitud que dominó la interacción
entre Europa y África entre 1450-1850, intensificada en 1650-1850.
Despoblamiento.
Davidson considera que el impacto directo del despoblamiento de África
fue menos devastador que el impacto social, económico y político.
Por supuesto que esto no es ningún consuelo para las millones de personas
cuyas vidas fueron destruidas por el comercio de personas. Un número
estimativo de las personas llevadas es de 12 millones, además de 2 millones
que murieron en el camino y 7 millones muertes antes del embarque, totalizando
alrededor de 21 millones entre 1650 y 1850. Fue una pérdida devastadora,
y hay evidencia de que el despoblamiento tuvo un impacto duradero. En zonas
donde las personas carecían de capacidad para defenderse del tráfico
de esclavos hay densidades poblacionales más bajas aún que en
los lugares donde la gente podía defenderse.
Impactos
económicos. La esclavitud produjo daños constantes y decisivos
en el desarrollo económico y tecnológico de África. Según
palabras de Davidson, "la producción exportadora era un monocultivo
de seres humanos". Fueron llevadas las personas que hubieran contribuido
su labor a África y que hubieran desarrollado habilidades, tecnologías
e industrias locales. Ni siquiera se les dio la posibilidad de enviar cosas
hacia África, siguiendo el camino inverso de la migración de trabajadores.
Impactos
sociopolíticos. El tráfico de esclavos fortaleció a
los elementos más conservadores de la sociedad africana, permitiéndoles
comerciar con gente a cambio de armas devastadoras para producir aún
más esclavización.
Posiblemente
África hubiera podido recuperarse de la prolongada y destructiva relación
si esta hubiera sido seguida por una nueva relación de igualdad, con
avances tecnológicos y una expansión de la libertad económica.
Pero la esclavitud ayudó a preparar el terreno, en la forma de sociedades
y estructuras sociales devastadas, para el colonialismo.
Colonialismo
Una
excelente introducción a los impactos del colonialismo y las subsiguientes
relaciones entre Occidente y África es el trabajo de Brooke Schoepf,
Claude Schoepf y Joyce Millen en "Dying for Growth".
Los
países europeos continuaron los cinco siglos de esclavización
convirtiendo a África en posesiones coloniales. Lo hicieron de maneras
increíblemente violentas. La conquista belga del Congo mató a
millones de personas. Europa desarrolló métodos de "tierra
quemada" para la guerra, destruyendo sistemas agrícolas y despoblando
áreas enteras.
El
colonialismo fue una época de monopolio capitalista. Europa estableció
plantaciones para cultivar productos altamente comerciables, minas y sistemas
de transporte para facilitar la extracción de los recursos. Las vías
y los caminos fueron diseñados para la exportación de mercancías,
no para comunicaciones ni desarrollos económicos internos de África.
El
colonialismo devastó estructuras sociales que ya habían sido devastadas
por la esclavización. Se forzó con impuestos y coerción
a que la gente trabajara en emprendimientos coloniales donde eran sobre-exigidos
y mal alimentados. La agricultura sufrió, la producción alimenticia
declinó y luego hubo falta de comida, hambrunas y epidemias. El periodo
menos sano de la historia africana fue el de la era colonial, comprendido entre
1890 y 1930.
Si
había crecimiento económico, los beneficios se transferían
a Europa. La sociedad civil, gravemente afectada por la habilidad de los jefes
para deshacerse de sus detractores durante los siglos de esclavitud, fue destruida
más aún por las políticas coloniales. Los trabajos especializados
y la educación eran monopolizados generalmente por los colonos blancos
- y cuando no lo eran, eran entregados de manera tal que se creaba una elite
controlada por los poderes coloniales, que actuara por intereses coloniales
y no por intereses africanos.
El
colonialismo destruyó la economía africana y el sistema agrícola
y los reemplazó por sistemas, infraestructuras y estructuras de clase
diseñadas para la exportación de bienes y explotación de
mano de obra y recursos primarios africanos para beneficio europeo. Por entonces
era necesaria una reorientación de esos sistemas sociales hacia la utilización
de trabajo y recursos africanos para obtener beneficios para África.
También eran necesarias una nueva infraestructura de transporte y comunicación,
reformas agrarias para revertir la destrucción agrícola y una
transferencia de recursos para reconstruir las áreas más dañadas
por las guerras. Al llegar la independencia, ese hubiera sido el curso de la
indemnización. Pero desde entonces, Europa (y Norteamérica) no
ha actuado para reparar los daños de la esclavitud y el colonialismo,
sino que más bien han inflingido mayores daños sobre África.
Independencia
temprana
Europa
no sólo no tenía ninguna intención de resignar su control
sobre África, sino que además existía una idea generalizada
de que África debía ser "entregada" a Europa, para ayudarla
a reconstruirse después de finalizada la Segunda Guerra Mundial (y de
ninguna manera al revés.) Las elites coloniales, que habían servido
a los intereses europeos, normalmente se mantenían en el poder. Lo mismo
hacían las economías dependientes de las manufacturas. De hecho,
gran parte de la economía continuaba en manos extranjeras. Cuando algunos
líderes africanos intentaron emprender un camino de desarrollo independiente,
fueron derrocados por golpes apoyados desde Occidente.
Sucedió
en 1961, con el asesinato de Patrice Lumumba en el Congo. Lumumba fue elegido
primer ministro en 1960. Buscó lograr un desarrollo independiente para
África. Pero Bélgica apoyó un levantamiento en Katanga,
una provincia del Congo rica en recursos naturales, e intervino violentamente
para apoyar el pedido de independencia de la provincia. Una intervención
de las Naciones Unidas siguió a la de Bélgica. Lumumba fue destituido
de su puesto por el presidente bajo circunstancias bastante oscuras. Luego logró
convencer al Parlamento para retornar al poder, pero fue obligado a huir. Hay
evidencia de que EEUU fue cómplice en su asesinato en 1961 (ver William
Blum, "Killing Hope.") Una guerra civil larga y brutal siguió
al asesinato. Al fin de la guerra, Mobutu Sese Seko, un sangriento y delictivo
dictador, llegó al poder. Mobutu fue reemplazado a mediados de los noventas
por Laurent Kabila, otro dictador, cuyo hijo es actualmente el dueño
del poder en el Congo.
Un
golpe militar, también apoyado por Occidente, derrocó a Kwame
Nkrumah, un líder pan-africacionista en Ghana, en 1966. Nkrumah también
buscaba un desarrollo independiente. El golpe fue seguido por una ola de privatizaciones.
Aquellos
gobiernos que no fueron derrocados y que deseaban diversificar la economía
de sus países y construir servicios públicos, lo hacían
por medio de préstamos dados por instituciones financieras internacionales.
Con sectores de la economía controlados por multinacionales que se repartían
los beneficios, los países africanos veían habitualmente que era
imposible construir capitales y capacidad productiva. La diversificación
era lenta, si es que se daba, y cuando los precios de las mercancías
colapsaron, África ingresó en una crisis de deuda.
Por
lo tanto, el daño ocasionado durante la época de independencia
temprana consiste, en cierto grado, en no haberle dado a África su oportunidad
de reparar los daños ocasionados en los periodos precedentes, como así
también algún daño directo ocasionado por el asesinato
de líderes, y haber permitido la acumulación de deudas y la continuación
del apartheid. La crisis de la deuda inaugura el cuarto periodo de daño
a África: el periodo de ajuste estructural.
Ajuste
estructural
Desde
los 80, África ha sufrido programas de ajustes estructurales (SAPs).
El ajuste estructural implica, normalmente: privatización de industrias
y servicios públicos, desregulación de leyes de trabajo y medio
ambiente, achicamiento de la fuerza de trabajo y los servicios del sector público-
incluyendo salud, educación y alimentos subsidiados- una contracción
de los servicios públicos esenciales en los países pobres.
En
Zaire (previamente Congo), por ejemplo, en 1984, un SAP llevó a que 80.000
trabajadores de salud y educación fueran despedidos de puestos gubernamentales.
Resulta difícil calcular los efectos de semejante accionar: ya sea por
los ingresos perdidos por familias enteras, por la pérdida de los servicios
que esos trabajadores proveían, o por la pérdida de gastos en
consumo que hubieran hecho y en el debilitamiento de las organizaciones que
se quedaban sin sus trabajadores. En 1985, Ghana empleó a 1.782 médicos.
En 1992, empleó a 965.
Los
SAPs no han llevado a una reducción de la deuda africana, cuyo valor
original se ha pagado varias veces. Las obligaciones de la deuda se llevan una
porción aberrante de los ingresos, necesarios para que los países
puedan mantener con vida a su gente, y también obliga a los países
a que mantengan sus economías orientadas hacia la producción de
exportaciones para poder obtener intercambio extranjero. Por cada dólar
de asistencia recibido por África en 1993, tres dólares quedaron
en obligaciones de deuda; cuatro quintas partes de las ganancias por exportaciones
de Uganda van a las obligaciones por exportaciones. Entre 1990 y 1993, los países
africanos gastaron 1340 millones en obligaciones por deuda - cuatro veces lo
que gastaron en salud. El hecho de que África produzca cultivos de rápido
consumo para exportaciones e importe alimentos no es bueno para su propia seguridad
alimenticia, pero es bueno para el comercio agrícola occidental, que
consigue un mercado en África a expensas de reformas agrícolas
y el alivio del hambre.
La
era de ajustes estructurales fue dañina también para la política
exterior. EEUU intervino en la guerra civil de Somalia en 1993, supuestamente
para "restaurar esperanza". Dicha intervención costó
la vida de 18 estadounidenses y entre 7.000 y 10.000 somalíes. Las 18
vidas que perdió EEUU llevaron a que impidiera una intervención
de la ONU en Ruanda, a pesar de que el comandante encargado de las operaciones
en el lugar aseguró que podrían haberse prevenido 800.000 muertes
en 1994 y 1995 con 5.000 soldados de la ONU, los cuales requerían de
un transporte aéreo que tan sólo EEUU podía brindar. En
Sudán, en 1998, EEUU destruyó una planta farmacéutica,
eliminando la mitad de las provisiones medicinales del país con consecuencias
catastróficas, aún no investigadas, sobre la salud pública.
No
se puede echar toda la culpa a Occidente, aunque el papel histórico indica
que incluso las estructuras políticas africanas fueron creadas por la
prolongada y destructiva relación con Occidente. Cuando se considera
el daño actual, producido por las intervenciones militares y los SAPs,
queda claro que está ocurriendo una cantidad horrorosa de sufrimiento
innecesario.
Hasta
en el genocidio de Ruanda, producido por el accionar político de extremistas
del Hutu Power, Occidente cumplió un papel que va más allá
del simple hecho de no haber actuado para prevenirlo. En este genocidio el Hutu
Power organizaba a hutus para matar a tutsis y a hutus moderados. Al lado de
Ruanda, en Burundi, una minoría gobernante tutsi pasó la mayor
parte del tiempo transcurrido entre los 60 y fines de los 80 masacrando a hutus
políticamente activos que trataron de sacarlos del poder: miles en 1965,
tal vez hasta 100.000 en 1972, unos 5.000 en 1988. Al menos una parte de la
responsabilidad, según Basil Davidson ("The Black Mans Burden")
pertenece al legado colonial. Tanto en Ruanda como en Burundi la relación
entre tutsis y hutus había sido de castas, siendo la minoría tutsi
dominante- pero era un sistema de casta con obligaciones mutuas y derechos por
costumbres. El colonialismo belga hizo que los tutsis pasaran de ser una casta
superior comprometida y con responsabilidades a ser una minoría dictatorial
sin compromisos ni responsabilidades. El resultado fue una ruptura entre los
dos grupos, profundizada por la intervención occidental, que se dio a
partir de la globalización en su forma de "causa juzgada":
en 1990 Ruanda sufrió una devaluación de su moneda que dejó
a muchos jóvenes sin trabajo. En 1989 el precio mínimo establecido
para el café, que le aseguraba un ingreso mínimo a los campesinos,
fue eliminado por exigencia del Banco Mundial. Pobreza, desempleo e inseguridad
económica no llevan indefectiblemente hacia violencia genocida pero la
alimentan, al haber más personas dispuestas a creer en una campaña
organizada por la "búsqueda de chivos expiatorios". En África,
con un nivel tan alto de propiedad extranjera en la economía, donde el
estado es una fuente esencial de trabajo, la competencia por el patronazgo estatal
puede ser (y fue) manipulada por movimientos comunales como el Hutu Power.
Occidente
también tiene papel central en la crisis africana del SIDA. Mientras
que existe cierta controversia sobre si el SIDA es la causa de la muerte de
millones de africanos, tal cual lo aseguran la mayoría de los profesionales
de la salud, y sobre el hecho de sihay 35 millones de africanos infectados,
tanto opositores como investigadores del tema SIDA concuerdan en que la respuesta
correcta no es, definitivamente, la contracción de los sistemas públicos
de salud y la exacerbación de la pobreza a través de SAPs. El
desacuerdo es sobre drogas. Las drogas baratas y genéricas contra el
SIDA parecen haber tenido éxito en reducir la transmisión y prolongar
la vida en Brasil. Un efecto colateral de las drogas genéricas es que
interfieren con los derechos a las ganancias de las corporaciones farmacéuticas,
derechos protegidos por organismos de comercio como la OMC, y que son reforzados
por instituciones financieras internacionales. Los opositores al tema del SIDA,
en su mayoría, están de acuerdo en que la salud de las personas
tiene prioridad sobre las ganancias de las corporaciones. Están en desacuerdo
sobre el hecho de que las drogas ayudan a dicha salud. Sea cual sea el caso,
las drogas deberían estar disponibles, como lo son en Brasil y como los
son para las clases altas.
El
ejemplo de las drogas es, en realidad, una buena ilustración del tema
de las indemnizaciones. ¿Quién debería sufrir económicamente
para que sea protegida la salud de los africanos?: las corporaciones farmacéuticas.
Estas corporaciones pueden ser ofrecidas como opciones por no interferir con
la producción de genéricos o ser nacionalizados y administrados
en interés público, destinándose las ganancias a la construcción
de sistemas de salud públicos en África. De la misma forma, ¿quién
debería reconstruir la producción farmacéutica de Sudán
y reparar los daños ocasionados por su pérdida?: el gobierno de
los EEUU, sacando, para ello, fondos del presupuesto militar. ¿Quién
debería sufrir las consecuencias cuando las deudas africanas son borradas
de los libros?: las instituciones prestamistas y sus beneficios. ¿Quién
debería pagar por la "reestructuración" de la agricultura,
el transporte, las comunicaciones, el desarrollo y la independencia local en
África?: aquellos gobiernos y corporaciones que se beneficiaron con el
saqueo- en otras palabras, las elites del primer mundo. ¿Cuánto
es suficiente?: lo que haga falta para reparar el daño y restaurar la
igualdad entre África y el mundo.
Esto
es factible técnica y económicamente. Los recursos para reconstruir
África existen. Lo que Occidente debe es una relación de igualdad
y los recursos para deshacer el daño que ha causado. En el proceso, las
elites de países ricos perderían mucho poder, beneficios y control,
pero esto debe suceder de cualquier modo.
La
fuente: Justin Podur es estudiante graduado de la Universidad de Toronto.
Mantiene la página de la crisis de Chiapas/Zapatista de Znet y la de
South Asia Watch. También traduce para la Columbia Support Network.
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