Publicado: 26-09-2003
Sociedad
civil y sociedad militar en Israel-Palestina
Para
el autor, el problema crucial de la crisis palestino-israelí no es la
inseguridad, sino las desiguales relaciones de poder entre las partes y el creciente
predominio de la sociedad militar sobre la sociedad civil. La inseguridad -dice-
es el síntoma y no la enfermedad. El siguiente es el texto pronunciado
por el destacado pacifista israelí en la conferencia de las Naciones
Unidas del 5 de septiembre.
Por
Lev Grinberg
La
fecha límite de la primera fase de la Hoja de Ruta se cumplió
en mayo de 2003, hace ya tres meses. La hudna (cese del fuego) que fue declarada
unilateralmente por los palestinos para un período de tres meses, apenas
alcanzó a durar dos. Durante ese período el gobierno israelí
continuó la confiscación de tierras, la demolición de viviendas,
la ampliación de los asentamientos y la construcción del odioso
muro de separación, violando de esa manera los principios de la primera
fase de la Hoja de Ruta. El nuevo gobierno palestino no tuvo la oportunidad
de demostrar siquiera si tenía la capacidad y la voluntad política
de prevenir los ataques suicidas. Israel continuó su política
de asesinatos selectivos de activistas palestinos y tanto líderes políticos
como civiles fueron blanco de "inevitables accidentes".
La
humillación de la ocupación continuó, y con él el
odio mutuo entre israelíes y palestinos que llevaron a la pérdida
de la esperanza. En los últimos tres años palestinos e israelíes
vieron sus peores caras: los palestinos vieron soldados, colonos y helicópteros.
Los israelíes, ataques suicidas. Los opositores a la paz en ambos los
lados pudieron cruzar las líneas fronterizas que separan a los civiles
israelíes de la Palestina ocupada. La mayor parte de las personas que
se prepara para cruzar estas líneas son aquéllos dispuestas a
usar la violencia en nuestra contra.
Las acciones de la sociedad civil israelí crecieron significativamente
en el último año en diferentes campos, desde las acciones de solidaridad
hechas por Taayush y el comité contra la demolición de viviendas
hasta la protección de la sociedad civil palestina impulsada por Machson
Watch y Betselem, así como las acciones de oposición al muro de
separación en el campamento de Mas'ha y el rechazo de las acciones militares.
Nuestro
problema es que bajo la ocupación militar y la violenta resistencia palestina
es muy difícil construir una sociedad civil eficaz y poderosa, ni en
el lado palestino ni en el israelí. La libertad es una condición
previa para la conformación de una sociedad civil poderosa; no sólo
la libertad de pensamiento y discurso, sino también la libertad de movimiento
y organización. En la actual situación, con la ausencia de estos
derechos básicos, nosotros no podemos hablar de una sociedad civil genuina
y por supuesto tampoco podemos hablar sobre el funcionamiento de instituciones
y procesos democráticos. Todas las encuestas recientes muestran que la
mayoría de los palestinos e israelíes apoyó la continuación
de la hudna. Si nosotros estuviéramos en condiciones democráticas,
la hudna habría durado. Sin embargo, bajo la ocupación militar
la sociedad civil no tiene la capacidad de prevenir la violencia. En la ausencia
de una sociedad civil organizada y fuerte, el espacio público está
ocupado por su rival: la sociedad militar.
La
sociedad militar palestina reacciona a la violenta represión israelí
matando a civiles israelíes inocentes en sangrientos atentados suicidas.
La experiencia de los últimos tres años muestra claramente que
la violencia palestina es una reacción a la represión israelí;
sin embargo, no es una estrategia. Este es el mensaje más importante
que tengo para dar: los palestinos están entrampados en un círculo
vicioso, y no pueden abandonarlo sin ayuda internacional. Desde el momento en
que el problema es definido por Israel y Estados Unidos como una cuestión
de seguridad y terrorismo, y no de ocupación y resistencia, los palestinos
caen en la trampa. Ellos no pueden desarrollar una estrategia eficaz de resistencia:
cuando no usan la violencia, la opinión pública israelí
pierde interés y en consecuencia el sistema político no recibe
la presión para desmantelar la ocupación. Y cuando la resistencia
palestina emplea la violencia, los ciudadanos israelíes se sienten bajo
la amenaza de seguridad y apoyan la expansión de la represión.
El
problema crucial no es la seguridad, sino las desiguales relaciones de poder
entre israelíes y palestinos, y el creciente predominio de la sociedad
militar sobre la sociedad civil. La inseguridad es el síntoma, no la
enfermedad. La definición del problema como ausencia de seguridad, en
lugar de considerar la ocupación como el principal problema, es una trampa.
Llamémosla la trampa de la inseguridad. Esta cuestión estuvo implícita
en los acuerdos de Oslo, y también en la Hoja de Ruta. En ambos casos
el gobierno israelí preserva el derecho de continuar la ocupación,
si las autoridades palestinas no protegen a los civiles israelíes. Sin
embargo, la cooperación en materia de seguridad es ilegítima a
los ojos palestinos, si no conduce a lo principal: el fin de la ocupación.
Es más, Israel también puede continuar la ocupación aún
obteniendo seguridad, por la ausencia de un acuerdo global en todos los problemas
suceptibles de negociación (refugiados, Jerusalén, asentamientos).
Ese fue el caso de las negociaciones de Camp David: si no hay acuerdo pleno,
la ocupación continúa, y los palestinos cargan con las culpas.
Terminar
con la ocupación no puede ser un un asunto exclusivo de la voluntad política
israelí. Es una cuestión de responsabilidad internacional. Si
terminar con la ocupación siguiera siendo una cuestión israelí
interior, los palestinos permanecerán atrapados en la trampa de la inseguridad,
sin una estrategia eficaz de resistencia. ¿Cuál es el principal
problema de la Hoja de Ruta? Que legitima la continuación de la ocupación
implícitamente, mientras exige a los palestinos que construyan instituciones
democráticas eficaces y transparentes como una condición previa
a la independencia. Yo nunca he oído sobre condicionamientos en materia
de democracia para obtener la independencia y la soberanía. Sé
que a veces es una condición para obtener un préstamo del FMI,
pero no para disponer de la soberanía sobre la tierra. Tampoco conozco
un solo caso de instituciones democráticas, transparentes y eficaces
bajo la ocupación militar.
La
necesidad más inmediata es salvar la Hoja de Ruta, que hasta ahora no
funcionó. No estoy hablando de salvar la Hoja de Ruta porque se trate
de una herramienta eficaz, sino porque es la única que ahora tenemos
y porque no es una imposición unilateral de los Estados Unidos sino un
acuerdo internacional más amplio. Es más, después de la
confrontación norteamericana con la ONU en el último año,
y el fiasco evidente de la ocupación de Irak, puede ser que se abra una
ventana de oportunidad. Varias voces en los Estados Unidos están reclamando
una revisión de la política exterior norteaericana, considerado
la cooperación con la ONU.
La
Hoja de Ruta prometió para su tercera fase la creación de un Estado
palestino viable e independiente en 2005; sin embargo, la primera fase crea
una situación imposible, y si no se la corrige todo el programa estará
condenado al fracaso. No es por equivocación que los partidos políticos
más extremistas en Israel siguieron siendo miembros del gobierno de unidad
de Sharon aún después de la adopción de la Hoja de Ruta:
estos partidos sabían que no había ninguna oportunidad de que
el plan alcanzara la segunda fase. Por eso pudieron confiar en Sharon cuando
les dijo, al aceptar la Hoja de Ruta, que él sabía lo que hacía.
La
primera fase del plan de paz del Cuarteto, diseñada para acabar con la
violencia, debe corregirse, porque sin las condiciones mínimas de seguridad
y libertad para los palestinos es imposible de detener el círculo de
violencia. La primera fase de la Hoja de Ruta está diseñada para
detener la violencia; sin embargo, descuida el hecho esencial de que la ocupación
es en sí misma un hecho de violencia. Es imposible erradicar la violencia
antes del diseño de un plan concreto para acabar con la ocupación,
con garantías internacionales suficientes para su aplicación.
Detener la presente espiral de violencia es una condición previa para
estabilizar la situación y hacer algún progreso sustancial. Sin
embargo, es un error asumir que el fin de la violencia es posible mientras los
palestinos permanecen bajo el férreo control de la ocupación israelí.
En
marzo de 2002, mucho antes de la hudna y la Hoja de Ruta, antes incluso de la
reocupación de los territorios de la Autoridad Nacional Palestina, un
grupo de seiscientos israelíes le envió una carta al secretario
general de la ONU pidiéndole el despliegue de fuerzas de paz en los territorios
ocupados. Yo fui uno de los impulsores de esa carta, junto con Yehudit Harel.
Desde entonces, la necesidad de semejante despliegue ha aumentado dramáticamente.
Yo soy consciente del hecho de que la anterior conferencia de este foro, en
septiembre de 2002, adoptó nuestro llamado; sin embargo, fue uno de los
puntos entre muchos otros. En mi opinión debe estar claro que ésta
es una condición previa fundamental para detener la presente ola de violencia.
Esta es la corrección sustancial necesaria en la primera fase de la Hoja
de Ruta para reactivarla; por otra parte, sigue el lineamiento del informe Mitchell
o el plan Tenet, y por las mismas razones.
Si
nosotros queremos terminar con la ocupación, necesitamos un cese del
fuego durable. Para llevarlo a la práctica, es necesaria la participación
activa de las fuerzas de paz de la ONU, las fuerzas israelíes de ocupación
(el ejército y los colonos) y la población palestina. Sólo
cuando los palestinos se sientana salvo de la humillación de cada día
y de las matanzas, y en el momento en que obntengan libertad de movimiento,
ellos se constituirán en un apoyo sustancial para fortalecer la sociedad
civil y refrenar la sociedad militar.
Las
fuerzas de paz de la ONU deben ser lo suficientemente numerosas para resultar
eficaces. El primer paso para ejecutar la Hoja de Ruta es, en mi opinión,
muy simple: los palestinos deben proclamar una nueva y más prolongada
hudna, Israel debe retirarse de las áreas ocupadas desde el 28 de septiembre
de 2000, y la ONU debe desplegar sus fuerzas de paz en las áreas palestinas.
Los tres movimientos deben hacerse simultáneamente y de manera incondicional,
en un lapso de dos o tres semanas, y coordinado por las fuerzas de la ONU.
Es
importante que los palestinos dejen de ver a los soldados israelíes gobernando
su vida cotidianamente. Las fuerzas de la ONU deben estar constituidas por Estados
en los que ambas partes confíen. Aquí quiero hacer una aclaración
sensible pero importante. Las fuerzas militares norteamericanas no pueden ser
parte de la fuerza de paz internacional. En el último año los
Estados Unidos han perdido toda credibilidad a ojos de la opinión pública
árabe, que los observará como otra fuerza de ocupación.
Las fuerzas norteamericanas pueden estimular agresiones extremistas. Las fuerzas
de la ONU deben ser vistas por los palestinos como una protección genuina
y no una nueva forma de ocupación y humillación.
Las
fuerzas de ONU deben permanecer en el territorio hasta el fin de la ocupación.
El desmantelamiento de los asentamientos y el redespliegue de las fuerzas del
ejército israelí tomarán uno o dos años. Terminando
la ocupación debe producirse una hudna de carácter permanente,
un acuerdo de no beligerancia. Sólo entonces los partidos podrán
lanzar las negociaciones para un "compromiso histórico". Me
gustaría dar énfasis aquí a este punto. El concepto de
negociación de paz está contaminando la distinción entre
acabar la ocupación y los problemas del "compromiso histórico".
Nosotros necesitamos detener la violencia en primer lugar, terminar la ocupación
y establecer la independencia palestina. Sólo entonces los partidos podrán
iniciar negociaciones, en una situación más igualitaria, libres
del círculo vicioso presente.
Quiero
ser muy sincero con ustedes. El mío es un llamando para proteger a los
palestinos desde el lugar de un patriota israelí con convicción
sionista. Me preocupan los peligros cotidianos que enfrentan los ciudadanos
israelíes. Sólo cuando los palestinos estén protegidos
de la violencia del ejército israelí, los civiles israelíes
podrán sentirse protegidos de los ataques suicidas. En otras palabras,
yo estoy haciendo un llamando para proteger también a los palestinos
porque su inseguridad crea mi inseguridad, la inseguridad de mi familia, de
mis amigos, de mis estudiantes, de mi comunidad. Yo no veo aquí una contradicción.
Yo no estoy en conflicto con los palestinos; yo estoy contra la ocupación.
La conclusión es que la ocupación es el enemigo de todos nosotros,
israelíes y palestinos, y nosotros necesitamos la ayuda de la comunidad
internacional para acabar ella.
La
fuente: el autor es un politólogo israelí, docente en
la Universidad Ben Gurión. La traducción del inglés pertenece
a Lila López para elcorresponsal.com.
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