Publicado: 04-01-2003
El golpe
de Estado de la derecha israelí
No
fue necesario emplazar los tanques frente al Parlamento, ni tampoco
arrestar a los líderes izquierdistas para arrojarlos desde los helicópteros
en el mar. Por supuesto que no. El golpe de la derecha israelí, ya puesto
en marcha, tiene un perfil mucho más humano que las asonadas militares
en América del Sur. Sólo se diseñó en el papel.
Pero los resultados de su acción puede que no sean muy diferentes.
Por
Uri Avnery
 |
| Azmi
Bishara. |
Las
próximas elecciones se decidirán -y quizá ya hayan sido
decididas- por una persona anónima cuyo nombre de guerra es "Nadav."
"Nadav"
es como se llama a sí mismo un "experto" en el Servicio de
Seguridad General (conocido por su sigla hebrea Shabak o Shin-Beth). Según
él, su título oficial es "jefe del departamento de investigación
en el campo de los árabes israelíes.
Si
"Nadav" hubiera sido el comandante de una brigada blindada e instigara
un golpe de estado militar, como un viejo general sudamericano, los resultados
de su acción no habrían sido muy diferentes. Por supuesto, sus
jefes no lo enviaron con sus tanques a la Knesset (Parlamento), ni hizo que
arrestara a los líderes izquierdistas y los arrojaran desde los helicópteros
en el mar. Por supuesto que no. Ellos son mucho más humanos. Ellos sólo
usan papel.
El
papel de "Nadav" es el de una "opinión experta" sometida
a la Junta Central Electoral por el fiscal general. En él, el hombre
en comillas -las citas aparecen en comillas en el propio documento- manifiesta
que el partido Balad pretende destruir el Estado de Israel, ayudar e incitar
a los enemigos del estado, instigar a los ciudadanos árabes a la rebelión,
y más de lo mismo.
Sobre
la base de esta opinión "experta", el comité prevé
inhabilitar a Balad y a su líder, Azmi Bishara, junto con algún
otro parlamentario árabe, de tomar parte, en las elecciones. (N.
de la R: con posterioridad a la redacción de esta nota,
Bishara y Ahmed Tibi -líder de la Lista Arabe Unida- fueron, en efecto,
proscriptos por la Junta Electoral, decisión que fue revisada
por la Corte, que los autorizó a presentarse).
La
Junta Central Electoral está compuesto por representantes de los partidos
en la Knesset saliente. en una base proporcional. Por consiguiente, los representantes
de los partidos derechistas, incluido el partido Shinui, tienen mayoría.
A ellos los une su odio a los árabes, y también tienen en común
el interés por expulsarlos de la Knesset. Ellos seguirán las órdenes
del "establishment de seguridad", como la mayoría de la Knesset
siempre ha hecho. En
el pasado, esto se ha hecho discretamente, pero últimamente está
pasando de manera desembozada. Los jefes de "Nadav" pueden contar
con ellos.
Cuando
un alto funcionario de seguridad habla, la Knesset está de pie. En la
mayoría de los casos, esto también se aplica a los jueces de la
Corte Suprema, uno de los cuales es el presidente del Comité Electoral.
La
intervención del Servicio de Seguridad en la campaña electoral
es mucho más que un efecto cosmético. También es mucho
más que un acto contra los ciudadanos árabes. Involucra a cada
persona en Israel, y en especial a la opinión pública judía.
Porque esto es un "putsch" que cambia el mismo tejido del estado.
Para
entender por qué esto es así, uno tiene que analizar al electorado
israelí. Está compuesto de cinco grandes bloques:
1. La clase media ashkenazi (judíos de origen europeo), sector que vota
principalmente para el Laborismo y Meretz.
2. El judío oriental (también llamado sefaradí), sector
que vota principalmente para el partido Likud.
3. El sector religioso y ortodoxo, que vota principalmente por los dos partidos
ortodoxos (Agudat-Israel y Shas) y el Mafdal (Partido Religioso Nacional).
4. El sector de los nuevos inmigrantes de la ex Unión Soviética,
que votan principalmente por los dos partidos rusos (conducidos por Natan Sharansky
y Avigdor Liberman).
5. El sector árabe, que vota principalmente por los tres o cuatro partidos
árabes.
Los
sectores 2, 3 y 4 constituyen el campo derechista; los sectores 1 y 5 constituyen
la izquierda. Los dos
campos son casi iguales en tamaño, y las elecciones generalmente son
decididas por los "votos flotantes" que nadan con la corriente.
(En
las próximas elecciones, el cuadro estará infuido por el crecimiento
inesperado de un partido relativamente nuevo, el Shinui [Cambio], compuesto
fundamentalmente por ashkenazis, unidos principalmente por su ferviente odio
a los religiosos. Aparentemente, este partido no tiene ninguna posición
clara en los problemas cruciales de guerra y paz. Pero su líder indiscutido,
Tommy Lapid, un ex periodista y personalidad de la televisión, es básicamente
un chauvinista rabioso. El ya ha declarado que bajo ninguna circunstancia aceptaría
un acuerdo que incluyera a los árabes.)
Una
mirada a este mapa político muestra que sin los votos árabes,
ninguna coalición de izquierda tiene alguna oportunidad de formar gobierno
-ni hoy, ni en un futuro cercano-. Peor aún, sin los votos árabes
no puede haber ningún "bloque preventivo", como aquéllos
que han jugado un papel crucial en los últimos diez años.
Para
prevenir el escenario de una alianza derechista, se requiere un bloque de 60
bancas en la Knesset, de 120 escaños. Esto significa que sin los árabes,
la izquierda no pueda siquiera imponer sus propuestas en una eventual coalición
dominada por la derecha. Podría adherir a una unidad semejante sólo
levantando las manos, como prisioneros de guerra.
Con
este trasfondo, las implicancias del putsch de "Nadav" y de
sus jefes son evidentes. Si el partido Balad o su jefe son proscriptos, todos
o la mayoría del electorado árabe se sumarán a un boicot
de las elecciones. El electorado, constituido casi por el 20 % de la población
israelí, desaparecería así del mapa político. Y
sin él, no hay ninguna oportunidad para la izquierda de volver al poder,
o incluso de jugar un papel significativo en un "gobierno de unidad."
Si
los partidos de izquierda, encabezados por el Laborismo, no enfrentan decididamente
esta conspiración, será equivalente al suicidio.
Que
un golpe de estado de esta clase sea llevado a cabo por el Servicio General
de Seguridad, significa que Israel está dejando la comunidad de países
democráticos y se está uniendo al Tercer Mundo. Y esto no sólo
involucra a los ciudadanos árabes. Involucra también a cada ciudadano
judío.
La
fuente:
El autor es un escritor y periodista israelí que ha sido dos veces diputado
nacional y fundador y presidente de la organización pacifista Gush Shalom
(www.gush-shalom.org), toda una institución
en Israel. Tiene 78 años. La traducción del inglés es responsabilidad
del equipo editor de El Corresponsal (www.elcorresponsal.com).
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