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1999 - Numerosas personalidades internacionales rinden tributo al rey Hussein de Jordania en su funeral.
Publicado: 22-07-2002

Una investigación sobre las drogas en Marruecos: los "coffee shops" de Casablanca

En el reino de Marruecos, primer productor y exportador mundial de resina de cannabis, según algunas estadísticas, tanto el tráfico como el consumo de drogas está penado por la ley. Sin embargo, sólo en la antigua medina de Casablanca, hay 31 cafés en los que habitualmente se reúnen jóvenes, y no tan jóvenes, a fumar hashish, al mejor estilo de los coffee shops holandeses.

Por Mehdi Laaboudi

La imponente mezquita Hassan II de Casablanca.

En Marruecos, tanto el tráfico como el consumo de drogas está penado por la ley. Sin embargo, sólo en la antigua medina de Casablanca (Bab Marrakech), hay 31 cafés en los que habitualmente se reúnen jóvenes, y no tan jóvenes, a fumar hashish, al mejor estilo de los coffee shops holandeses. Y los otros barrios populares de la capital económica de Marruecos no se quedan atrás.

Los Países Bajos fueron pioneros en la despenalización, y luego la legalización de la cannabis sativa, esta planta comúnmente llamada hashish. Otros países europeos (Bélgica, Gran Bretaña, España y Suiza) optaron por la despenalización y, en la primera ronda de las elecciones presidenciales de Francia, dos candidatos de izquierda (N. Mamère y O. Besancenot) se pronunciaron en favor de una legalización de esta droga blanda.

En Marruecos, por el contrario, las autoridades, así como los partidos políticos y la sociedad civil, ignoran este debate, aun cuando el reino es el primer productor y exportador mundial de resina de cannabis, según algunas estadísticas.

Un consumidor de cannabis se arriesga a una larga pena de prisión, unida a una multa (pagada a la Compañía de Tabaco, que se constituye como parte civil en los asuntos relacionados con cannabis). Todos los años se inician centenares de procesos contra vendedores y traficantes y tienen lugar numerosas requisas de aduana. Las autoridades aparentemente son intransigentes cuando se trata de consumo de drogas.

Pero ésta es sólo la parte que emerge del iceberg y la realidad es, a menudo, diferente.

Basta con pasearse por algunos barrios populares (en Casablanca o también en otras ciudades del país) para comprender que la lucha conducida por el Estado no es siempre victoriosa. El consumo de hashish es tácitamente legal en Marruecos. ¿Cómo explicar si no, el funcionamiento de pequeños cafés, semejantes a los "coffee shops" holandeses, llenos de gente?

"Vengo todos los días aquí para armarme mis cigarrillos y fumarlos con tranquilidad", explica Hamza, un habitué de un café de Derb Soltane. Hamza tiene 23 años, hace más de cuatro que frecuenta este café, que se encuentra a sólo algunas cuadras del domicilio de su dealer de hashish. "Vivo todavía con mis padres y no puedo fumar como quiero en la casa de ellos. Entonces, entre fumar en la calle y venir aquí, elijo este café simpático, donde puedo escuchar buena música y jugar a las cartas con amigos", agrega.

Como él, miles de jóvenes y no tan jóvenes frecuentan cotidianamente "fumaderos" de hashish. Tales lugares son fácilmente reconocibles por la música (fundamentalmente reggae y raï), por los "cumulus nimbus"de humo narcótico y perfumado y por los ojos saltones y dilatados de los consumidores.

El mobiliario de estos cafés es básico, el servicio deja mucho que desear y las cucarachas son de la partida. Pero, los clientes de estos fumaderos no se quejan de la vetustez ni de la falta de higiene del lugar. "Algunos llegan aquí desde que se levantan de la cama y no se van hasta que cerramos", explica Abdou, encargado de un "coffee shop" en el barrio de Bourgogne.

Nube de humo narcótico

En su "cafesucho", un café cuesta sólo cuatro dirhams y un vaso de té, tres. Abdou vende, además, cigarrillos (Marquise) y papel para armar (Zig-Zag) y puede inclusive enviar a buscar hashish a casa de un dealer, a cambio de una pequeña comisión en especies, si sus clientes lo desean.

No es entonces sorprendente que a tales comercios les vaya muy bien (Abdou registra un promedio de 450 consumiciones por día y el lugar está siempre lleno), mientras que los cafés comunes más tradicionales están casi siempre vacíos.

A veces, algunos clientes de Abdou se levantan y bailan las canciones que les gustan. Ambiente jamaiquino asegurado. Mustapha, bien pasada la cuarentena, le pide a Abdou que aumente el volumen. Hace luego unos pasos de baile con "Talking Blues", y después con "Revolution", canciones míticas de Bob Marley. Muy rápidamente, se llena la pista y casi todos los clientes bailan y entonan, en un inglés muy aproximado, las palabras del profeta rasta. Inclusive Abdou se une a ellos.

En ese momento una persona en uniforme entra en el café y saluda a Abdou que, sin embargo, no deja de bailar. En efecto, nadie parece inquietarse por su llegada. Y tampoco el hombre uniformado se hace problema por la presencia de sustancias ilícitas en el café. Se sirve un vaso de agua, lo bebe, y luego le pide a Abdou un café "mitad y mitad". Después se sienta a una mesa. Abdou se le acerca, extrae su tabaquera del bolsillo y confecciona delante de él un desmesurado "jaabouk" (cigarro realizado con la unión de varias hojas de papel para armar) y le propone prenderlo. Primero el hombre duda, da un vistazo furtivo a los asistentes, pero aparentemente la tentación es más fuerte. Prende el "monstruo", le da algunas pitadas, bebe luego algunos tragos de café, saluda a Abdou y se va.

No sólo en los cafés

Los cafés no son los únicos lugares públicos donde los consumidores de cannabis pueden fumar sus cigarros. El complejo deportivo Mohamed V es, por ejemplo, otro espacio importante de consumo de cannabis. Para los fumadores a los que no les gusta el fútbol, es posible recluirse en algunos cines.

Abdou nos explicará después que este fumador de uniforme es su amigo de la infancia y que ellos empezaron a consumir cannabis al mismo tiempo.

Finalmente, Abdou habla de su relación profesional con la policía: "A veces, se hacen operativos en mi café y algunos de mis clientes, encontrados en flagrante delito de utilización de cannabis, son, a veces, detenidos. Pero, generalmente, no pasan más de una noche en la comisaría y son liberados al día siguiente. Hay que entender que la gran mayoría de mis clientes son desocupados. Entonces, la policía prefiere que yo los reciba en un lugar discreto, al abrigo de las miradas, antes que estén todo el día dando vueltas por la calle. Es precisamente por esta razón que mi negocio no es amenazado con la clausura cada vez que encuentran consumidores de hashish".

Si Noël Mamère presentaba, en su plataforma electoral, la idea de abrir "CannaBistrots" para reglamentar la utilización de cannabis en Francia y sacarle su aspecto delictuoso (un estudio mostró que más de un adolescente francés sobre dos ya ha fumado, al menos una vez, cannabis), numerosos dueños de cafés ponen en práctica esta idea desde hace mucho tiempo en Marruecos.

La fuente: El autor es periodista de La Nouvelle Tribune, semanario marroquí creado en 1996, que hace gala de una libertad poco común en la prensa marroquí (www.lanouvelletribune.press.ma). La traducción del francés pertenece a María Masquelet, para El Corresponsal (www.elcorresponsal.com).

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