Publicado: 22-07-2002
Una investigación
sobre las drogas en Marruecos: los "coffee shops" de Casablanca
En
el reino de Marruecos, primer productor y exportador mundial de resina de cannabis,
según algunas estadísticas, tanto el tráfico como el consumo
de drogas está penado por la ley. Sin embargo, sólo en la antigua
medina de Casablanca, hay 31 cafés en los que habitualmente se reúnen
jóvenes, y no tan jóvenes, a fumar hashish, al mejor estilo de
los coffee shops holandeses.
Por
Mehdi Laaboudi
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| La
imponente mezquita Hassan II de Casablanca. |
En
Marruecos, tanto el tráfico como el consumo de drogas está penado
por la ley. Sin embargo, sólo en la antigua medina de Casablanca (Bab
Marrakech), hay 31 cafés en los que habitualmente se reúnen jóvenes,
y no tan jóvenes, a fumar hashish, al mejor estilo de los coffee shops
holandeses. Y los otros barrios populares de la capital económica de
Marruecos no se quedan atrás.
Los Países Bajos fueron pioneros en la despenalización, y luego
la legalización de la cannabis sativa, esta planta comúnmente
llamada hashish. Otros países europeos (Bélgica, Gran Bretaña,
España y Suiza) optaron por la despenalización y, en la primera
ronda de las elecciones presidenciales de Francia, dos candidatos de izquierda
(N. Mamère y O. Besancenot) se pronunciaron en favor de una legalización
de esta droga blanda.
En
Marruecos, por el contrario, las autoridades, así como los partidos políticos
y la sociedad civil, ignoran este debate, aun cuando el reino es el primer productor
y exportador mundial de resina de cannabis, según algunas estadísticas.
Un
consumidor de cannabis se arriesga a una larga pena de prisión, unida
a una multa (pagada a la Compañía de Tabaco, que se constituye
como parte civil en los asuntos relacionados con cannabis). Todos los años
se inician centenares de procesos contra vendedores y traficantes y tienen lugar
numerosas requisas de aduana. Las autoridades aparentemente son intransigentes
cuando se trata de consumo de drogas.
Pero
ésta es sólo la parte que emerge del iceberg y la realidad es,
a menudo, diferente.
Basta
con pasearse por algunos barrios populares (en Casablanca o también en
otras ciudades del país) para comprender que la lucha conducida por el
Estado no es siempre victoriosa. El consumo de hashish es tácitamente
legal en Marruecos. ¿Cómo explicar si no, el funcionamiento de
pequeños cafés, semejantes a los "coffee shops" holandeses,
llenos de gente?
"Vengo
todos los días aquí para armarme mis cigarrillos y fumarlos con
tranquilidad", explica Hamza, un habitué de un café de Derb
Soltane. Hamza tiene 23 años, hace más de cuatro que frecuenta
este café, que se encuentra a sólo algunas cuadras del domicilio
de su dealer de hashish. "Vivo todavía con mis padres y no
puedo fumar como quiero en la casa de ellos. Entonces, entre fumar en la calle
y venir aquí, elijo este café simpático, donde puedo escuchar
buena música y jugar a las cartas con amigos", agrega.
Como
él, miles de jóvenes y no tan jóvenes frecuentan cotidianamente
"fumaderos" de hashish. Tales lugares son fácilmente reconocibles
por la música (fundamentalmente reggae y raï), por los "cumulus
nimbus"de humo narcótico y perfumado y por los ojos saltones y dilatados
de los consumidores.
El
mobiliario de estos cafés es básico, el servicio deja mucho que
desear y las cucarachas son de la partida. Pero, los clientes de estos fumaderos
no se quejan de la vetustez ni de la falta de higiene del lugar. "Algunos
llegan aquí desde que se levantan de la cama y no se van hasta que cerramos",
explica Abdou, encargado de un "coffee shop" en el barrio de Bourgogne.
Nube
de humo narcótico
En
su "cafesucho", un café cuesta sólo cuatro dirhams y
un vaso de té, tres. Abdou vende, además, cigarrillos (Marquise)
y papel para armar (Zig-Zag) y puede inclusive enviar a buscar hashish a casa
de un dealer, a cambio de una pequeña comisión en especies,
si sus clientes lo desean.
No
es entonces sorprendente que a tales comercios les vaya muy bien (Abdou registra
un promedio de 450 consumiciones por día y el lugar está siempre
lleno), mientras que los cafés comunes más tradicionales están
casi siempre vacíos.
A
veces, algunos clientes de Abdou se levantan y bailan las canciones que les
gustan. Ambiente jamaiquino asegurado. Mustapha, bien pasada la cuarentena,
le pide a Abdou que aumente el volumen. Hace luego unos pasos de baile con "Talking
Blues", y después con "Revolution", canciones míticas
de Bob Marley. Muy rápidamente, se llena la pista y casi todos los clientes
bailan y entonan, en un inglés muy aproximado, las palabras del profeta
rasta. Inclusive Abdou se une a ellos.
En
ese momento una persona en uniforme entra en el café y saluda a Abdou
que, sin embargo, no deja de bailar. En efecto, nadie parece inquietarse por
su llegada. Y tampoco el hombre uniformado se hace problema por la presencia
de sustancias ilícitas en el café. Se sirve un vaso de agua, lo
bebe, y luego le pide a Abdou un café "mitad y mitad". Después
se sienta a una mesa. Abdou se le acerca, extrae su tabaquera del bolsillo y
confecciona delante de él un desmesurado "jaabouk" (cigarro
realizado con la unión de varias hojas de papel para armar) y le propone
prenderlo. Primero el hombre duda, da un vistazo furtivo a los asistentes, pero
aparentemente la tentación es más fuerte. Prende el "monstruo",
le da algunas pitadas, bebe luego algunos tragos de café, saluda a Abdou
y se va.
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No sólo en los cafés
Los cafés no son los únicos lugares públicos
donde los consumidores de cannabis pueden fumar sus cigarros. El complejo
deportivo Mohamed V es, por ejemplo, otro espacio importante de consumo
de cannabis. Para los fumadores a los que no les gusta el fútbol,
es posible recluirse en algunos cines.
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Abdou
nos explicará después que este fumador de uniforme es su amigo
de la infancia y que ellos empezaron a consumir cannabis al mismo tiempo.
Finalmente,
Abdou habla de su relación profesional con la policía: "A
veces, se hacen operativos en mi café y algunos de mis clientes, encontrados
en flagrante delito de utilización de cannabis, son, a veces, detenidos.
Pero, generalmente, no pasan más de una noche en la comisaría
y son liberados al día siguiente. Hay que entender que la gran mayoría
de mis clientes son desocupados. Entonces, la policía prefiere que yo
los reciba en un lugar discreto, al abrigo de las miradas, antes que estén
todo el día dando vueltas por la calle. Es precisamente por esta razón
que mi negocio no es amenazado con la clausura cada vez que encuentran consumidores
de hashish".
Si
Noël Mamère presentaba, en su plataforma electoral, la idea de abrir
"CannaBistrots" para reglamentar la utilización de cannabis
en Francia y sacarle su aspecto delictuoso (un estudio mostró que más
de un adolescente francés sobre dos ya ha fumado, al menos una vez, cannabis),
numerosos dueños de cafés ponen en práctica esta idea desde
hace mucho tiempo en Marruecos.
La
fuente: El autor es periodista de La Nouvelle
Tribune, semanario marroquí creado en 1996, que hace gala de una libertad
poco común en la prensa marroquí (www.lanouvelletribune.press.ma).
La traducción del francés pertenece a María Masquelet,
para El Corresponsal (www.elcorresponsal.com).
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