Publicado: 16-05-2002
¿Algún
día Africa podrá recuperar su patrimonio cultural?
Desde
hace 150 años, el Africa negra es despojada constantemente de sus objetos
culturales y, si bien la mayoría de los países centrales donde
se encuentran estas piezas aceptan que muchas de ellas llegaron de forma ilícita,
a la hora de devolverlas las opiniones se dividen. En Suiza, donde este patrimonio
cultural es uno de los más ricos del mundo, el debate ya está
abierto y se enfrentan los que quieren inciar un proceso para reintegrar estas
obras y quienes sostienen que el continente no está preparado para hacerse
cargo de esta piezas y que, además, no las valora como en Occidente.
Por
Claude Chuard
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| Cabeza
de rey del pueblo Edo (Nigeria). Museo de Arte de Cleveland. |
Terracotas
nok, máscaras fang, relicarios de Benín y bronces sao: entre instituciones
públicas y colecciones privadas, Suiza posee más de una centena
de miles de obras y objetos etnográficos provenientes del Africa negra.
Ciertamente no es el país más rico del mundo en arte africano
y sus colecciones no tienen todas el mismo interés científico,
cultural y artístico. Pero su posición es muy importante dentro
del mercado de arte.
Sin embargo, desde hace varios años, una nube ensombrece el cielo de
los marchands y galeristas, coleccionistas privados e inclusive museos. Según
los especialistas, dos convenciones internacionales iniciadas por la Unesco
podrían, si Suiza las ratifica un día, vaciar las estanterías
de las galerías y amputar los museos de la mitad de sus depósitos
para darles estos miles de objetos a los países de Africa de donde provienen.
Al ver estos avances, algunos coleccionistas se ponen a la defensiva mientras
que los más ricos de ellos no compran más que piezas de pedigree,
cuya documentación atestigua que están desde hace mucho en Europa,
por lo menos desde hace 75 años, límite fatídico para evitar
ser un día investigado. Sin embargo, en Berna, los juristas juran por
todos sus grandes dioses que estas convenciones no tendrán nunca retroactividad.
La duda sigue del lado de los coleccionistas.
150
años de pilaje
En
Europa y en otras partes, nadie responde por el pillaje general al patrimonio
cultural al que el Africa negra ha sido sometida desde hace 150 años.
La colonización, la miseria, las guerras, la corrupción, todo
esto sumado condujo a la actual situación, catastrófica para Africa.
Un solo ejemplo: en Costa de Marfil, es imposible mostrarles a los escolares
las máscaras más significativas de su patrimonio. Están
todas en el exterior y el estudiante deberá contentarse con malas fotos
por Internet.
Queda
decir que no es suficiente reconocer este pillaje para volver al punto de partida.
Y, además, los mismos africanos no les dan igual valor a estos objetos
que los coleccionistas europeos. Esto no es una cuestión de gusto o de
educación, sino de cultura.
En
Ginebra, el doctor Martin Sigam, camerunés de origen y atento coleccionista,
patrocina una asociación que se propone hacer conocer mejor la significación
de los objetos africanos al gran público (APA). "Inicialmente -dice
él- estos objetos no se hacen para ser contemplados. Su poder ritual
y el servicio que da el objeto son prioritarios. Yo no digo que los africanos
ignoren lo que es bello. Muy por lo contrario, en su vida cotidiana, el africano
cuida la decoración de su casa, los objetos y su noción de belleza
se extiende a su cuerpo: los tatuajes en la piel indican una búsqueda
de belleza hasta en la intimidad de la carne. En Africa -continúa-, un
objeto es elaborado por una etnia y sólo ella comprende todos sus detalles.
Desde que un objeto deja Africa, se ve privado de su valor simbólico
y de un abanico de significaciones."
El
museo caníbal
Más
grave es que muchos de estos objetos, sobre todo los más usuales, corresponden
a un modo de vida que, inclusive en Africa, ha desaparecido. Es aquí
que la etnología occidental pierde pie. El objeto no está sólo
fuera de contexto, sino también fuera de tiempo. En Neuchâtel,
Jacques Hainard, importante conservador y etnólogo, lo reconoce: "Los
etnólogos han paralizado poco a poco sus colecciones." Hainard,
que prepara para esta primavera una exposición sobre "el museo caníbal",
reconoce este deslizamiento de la etnografía a la estética. Claude
Savary, un ex colega de Ginebra, se queja:"Los críticos de arte
invadieron el campo etnográfico para vaciarlo de contenido."
Todas
las personas bien intencionadas acuerdan sobre la legitimidad de la restitución.
Pero desde el momento que se aborda esta restitución y cómo hacerla,
las divisiones estallan. Los más extremos subrayan que la noción
de museo escapa a Africa. Claude Savary, ex alumno del profesor Gabus, relativiza
esto. Según él, el Museo de Niamey, con sus colecciones, pero
también los talleres donde los artesanos trabajan frente al público,
constituían un bello intento de museo de otra clase. Pero..., el edificio
fue destruido por un incendio y todas sus colecciones con él.
Robado,
devuelto y nuevamente robado
Nigeria
disponía de los más bellos museos de Africa. Un dictador y las
guerras los redujeron a esqueletos. Las piezas arqueológicas más
famosas, cerámicas ifé del siglo XI, fueron robadas con la complicidad
de los más altos niveles. El escándalo estalló en Francia
recientemente, cuando se descubrió que un futuro museo había adquirido
algunas de estas piezas. Cólera en la Unesco, malestar en el Eliseo,
el asunto acaba de concluir con un acuerdo que autoriza a Francia a conservar
estas piezas en su museo por 25 años.
En
Zurich, el galerista y marchand A. Fiacco conoce bien Africa, por la que ha
viajado bastante. Cuenta anécdotas y ejemplos, uno más desesperante
que el otro. Todas las leyes del mundo no impedirán el tráfico
mientras Africa esté sumergida en semejante pobreza, asegura. En Camerún,
por ejemplo, los jefes bamileke no tienen el derecho de vender las piezas de
su antiguo tesoro. Esto no impide nunca que un cercano al jefe tome la pieza
y se la venda al turista que pasa. Fiacco hizo la prueba y cuando volvió,
acompañado de testigos, a devolver el objeto robado, el jefe no lo recibió
con los brazos abiertos. Había perdido un negocio.
Ridha
Fraoua, jurista, jefe de la división 1 de la legislación en la
administración federal en Berna, confirma este triste estado de la situación.
Conoce bien las convenciones de la Unesco sobre tráfico de obras del
patrimonio y es a menudo enviado como experto internacional. Pero, él
considera neocolonialista esta actitud que consiste en decir que Africa no es
capaz de proteger su patrimonio. "Hay que dejarle hacer sus experiencias",
dice. Ciertamente -acepta-, la Unesco asume una parte de responsabilidad. Ella
no hizo nunca un aporte sustancial al principio de ingerencia en materia cultural
y de protección del patrimonio. En Afganistán, por ejemplo, la
destrucción de los budas de Bamiyan lo prueba. Además, la inscripción
de ciertos sitios como patrimonio de la humanidad no hace más que agravar
el pillaje. Las convenciones de la Unesco no facilitan una visión nacionalista
del patrimonio. Al mismo tiempo, R. Fraoua lamenta que en materia arqueológica,
los europeos no se interesan más que por las excavaciones espectáculares
o de prestigio, dejando a los ladrones territorios enteros.
En
la cuenca de Níger, por ejemplo, no es raro que un agricultor o un pastor
encuentren una cerámica nok del siglo XII. Al venderlo a un intermediario,
él podrá comprar mijo, su alimento básico, para nutrir
a su numerosa familia durante un mes. En el mercado de arte europeo, esta pieza
se revenderá entre 8.000 y 60.000 francos, según el tamaño,
la época y la calidad. Esta es la ecuación entre Norte y Sur.
Barbier-Müller:
“No es cuestión de restituir estas obras a Africa hoy”
Por
Claude Chuard
En
el plano internacional, el ginebrino Jean-Paul Barbier-Müller es un enamorado
del arte tribal africano. Su museo, sus colecciones (2.000 piezas africanas)
viajan por los grandes museos. Se hizo también marchand. Así vendió
300 piezas de Nigeria a un museo parisiense. Para él, no es cuestión
de restituir los objetos y explica por qué.
-Usted se opone fuertemente a toda restitución ¿Por qué?
-En lo que concierne a Africa, no hace falta más que abrir un diario
para leer sobre las hambrunas, las guerras tribales, los golpes de Estado y
los problemas económicos de estos países, a los se les ha ordenado
organizarse democráticamente.
-¿No
le choca que el patrimonio de un continente sea pillado?
-Es
cierto que el hecho de que las obras más importantes de las culturas
tribales africanas estén en Occidente puede parecer chocante. Pero dan
a sus obras un valor que los africanos no le atribuyen. Cuando una máscara
es comida por las termitas, se esculpe otra. La noción de "museo"
está ligada a la cultura grecorromana. Los templos de Roma eran museos
donde se exponían las esculturas de Fidias arrasadas de Grecia. Esto
no nos da virtudes o cualidades particulares. Es un hecho.
-¿Cuáles
son sus razones?
-Toda
obra de arte devuelta a Africa hoy estaría en peligro, y sería
inútil. Todos los museos fueron fundados por europeos o por africanos
educados por nosotros. No responden a ninguna necesidad de la población.
La preservación del patrimonio cultural de Africa por Europa no es un
escándalo. Somos nosotros los que la bautizamos así, ya que los
africanos ponen la perennidad de algunos valores en otras partes: en los mitos
transmitidos oralmente, en las reglas que fijan el comportamiento de los integrantes
de una comunidad.
-¿La
restitución le parece entonces imposible?
-Saber
a quién restituir una obra es un problema. Las fronteras de los Estados
africanos son las de las antiguas colonias. De esto resulta que por todos lados,
las etnias quedaron cortadas en dos. Para más, el museo está generalmente
situado en la capital. O bien, ubicado en una región étnica a
menudo poco apreciada por las otras etnias. Estos son algunos ejemplos: a los
senoufos, que están a caballo entre Malí y Costa de Marfil, no
les gustaría para nada que sus "tesoros ancestrales" estén
depositados en Bamako, en lo de los bambara, o en Abidjan, donde están
los akan, parientes de los baoulé. Sería necesario fundar un museo
en Korhogo, en la región senoufo. ¿Quién lo aprovecharía?
-¿Usted
no cree entonces en el regreso de estas piezas?
-Los
problemas permanentes de numerosos países ponen en peligro los museos.
En el Zaire, el Museo de Kinshasa recibió como restitución muy
bellas piezas desde Bélgica. Una buena parte fue vendida o donada por
Mobutu. El resto fue robado o quemado durante los disturbios que acompañaron
la toma del poder por Kabila. En Chad, las investigaciones conducidas por la
pareja de etnólogos Lebeuf desembocó en una feliz división
entre el Museo del Hombre de París y el Museo de Fort-Lamy. Este último
fue enteramente destruido durante los innumerables golpes que sufrió
este país. Lo mismo en Brazzaville. En cuanto a Nigeria, todos los Estados
situados al Norte, donde se encuentran los vestigios de los nok, adoptaron la
sharia (ley islámica) en 2001. Así que las estatuillas pueden
correr la suerte de los budas de Bamiyan.
La
fuente: La Liberté, periódico suizo, edita 37.000 ejemplares.
Creado en 1871 y difundido fundamentalmente en el cantón de Friburgo,
este título generalista francófono se presenta en cuatro cuadernillos,
de los cuales el primero está dedicado a la información internacional.
(www.laliberte.ch)
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