Publicado: 09-07-2002
El relojero
de Alejandría
Fue
el primero en haber expresado, en 1972, la idea de reconstruir la antigua Biblioteca
de Alejandría, en cierta medida un sueño mitológico que,
sin embargo, verá la luz en octubre de este año. Moustapha Al-Abbady,
profesor de historia del Egipto grecorromano de la Universidad de Alejandría,
es un investigador incansable que consagró cerca de sesenta años
a los papiros y las piezas arqueológicas. El vasto mundo de los manuscritos
antiguos parece haber seducido a este sobrio sabio alejandrino, campo que hoy,
a los 78 años, sigue explorando y del cual la traducción de las
ciencias egipcias en griego es la cara más creativa.
Por
Hayssam Khachaba
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| Imagen
futurista de la nueva biblioteca. |
Parece
salido de un cuento de Borges, cuyos personajes se lanzan a la búsqueda
de un antiguo manuscrito, de un aparato para medir el tiempo, del sentido de una
palabra o de una leyenda escrita en una lengua muerta. Su oficina y su casa, situadas
en la misma calle que la Biblioteca de Alejandría, recuerdan también
esa atmósfera borgiana. El gran balcón deja entrever un mar incandescente,
inclusive si uno está sentado sobre el sofá en el centro de la habitación.
Esta es tan grande que cuando el centro está bañado por la luz del
día, el gran escritorio inglés y los estantes de la biblioteca permanecen
sumergidos en la penumbra.
Moustapha
Al-Abbady acaba de volver de Bélgica, donde dio una conferencia sobre
la traducción de textos de ciencia de los antiguos egipcios en lengua
griega. Encontró un papiro, traducido al griego, que explica cómo
un sabio egipcio, llamado Amnemphat, creó en el siglo XVI antes de Cristo
un aparato para medir el tiempo durante la noche. El papiro da explicaciones
muy detalladas sobre este instrumento. "Se puede ver el aparato en el primer
piso del Museo Egipcio -cuenta-. Aquí se expone una copia muy modesta
en la Biblioteca de Alejandría".
Un
estudio teñido de sobriedad
Con
78 años, Abbady mantiene un porte impecable y una gran agilidad en sus
movimientos. Esta impresión se acentúa cuando se lo observa desplazarse
en su gran departamento, donde actualmente vive solo, vestido sencillamente:
una remera blanca, un pantalón de algodón azul y mocasines. Su
espíritu permanece también bien despierto. Sus ojeras revelan
una cierta fatiga. La del investigador incansable que consagró cerca
de sesenta años a los papiros y las piezas arqueológicas. El aislamiento
y la sobriedad que implica este trabajo han marcado implacablemente al personaje.
No le gusta ser interrumpido y podría inclusive mostrase un poco agresivo
si así fuera. Está en un universo que se parece al de un escultor.
Pero
la sobriedad de su espíritu no se debe sólo a su perpetua búsqueda
de precisión en el trabajo. Es inherente a su naturaleza y marca todo
su ser.
A
pesar de que su familia es originaria de Alejandría, Abbady nació
en El Cairo, en la isla de Roda. Su padre, un personaje que parece haber jugado
un papel muy importante en su formación y en sus orientaciones, había
sido enviado a la capital para enseñar en la Universidad de Historia
Islámica. En Roda, el joven Abbady pasó una infancia feliz y guarda,
sobre todo, muchos recuerdos del Nilo. "La estación de la crecida
era un acontecimiento magnífico. El agua corría por las calles
y llenaba los sótanos. ¡Sacábamos las puertas de nuestras
habitaciones y las usábamos como barcas!".
Fue
en esa época, cuando era muy joven, que Moustapha descubrió el
mundo de Homero y de los grandes poetas griegos a través de las traducciones
de Driny Khachaba y de Boutros Al-Boustani. Ese mundo inflamaba su imaginación.
Su padre, un hombre de la generación de Taha Hussein que había
fundado el departamento de estudios grecorromanos en El Cairo, le explicaba
la importancia del pensamiento y de la lengua griega para la Historia, sobre
todo en Egipto. "Ningún escrito árabe sobre la historia del
primer siglo del Islam nos llegó por los escritores contemporáneos
de esa época. Todas nuestras referencias provienen de los historiadores
helenistas o bizantinos que escribían en la época en griego o
en latín. Mi padre me incentivó también a entrar en la
facultad de Historia Antigua y a especializarme en historia grecorromana".
Luego
de haber obtenido brillantemente el título, fue elegido para una beca
en la Universidad de Cambridge. "Allá, descubrí la futilidad
de lo que había aprendido en Egipto". De temperamento muy mediterráneo,
Abbady decidió intempestivamente empezar su carrera de nuevo. Felizmente,
su profesor se lo impidió y le propuso pasar un año en Cambridge
antes de hacer su doctorado y recomendarle profesores para estudiar las lenguas
griega y latina. "Trabajé seis horas diarias hasta que internalicé
las dos lenguas".
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| La
gran sala de la antigua biblioteca según datos documentales. |
El
tema que eligió para su doctorado satisfacía su inclinación
por las realidades concretas y cubría al mismo tiempo una laguna en la
historia del Islam en Egipto. Era un estudio sobre Alejandría y su influencia
social y económica en Egipto desde su fundación hasta la conquista
árabe. "Alejandría era el puerto más grande del mundo
antiguo. Era el que controlaba el comercio desde el océano Indico hasta
el Mediterráneo. Egipto era el mayor exportador de trigo y de herramientas,
además de monopolizar el comercio del papel".
Estas
verdades no son descubrimientos hechos por Abbady, pero al entrar en los detalles
del sistema impositivo, de irrigación y de la estructura social y política
de la Alejandría grecorromana y árabe, él hizo algunos
descubrimientos que enriquecieron y, en algunos casos, cambiaron los conocimientos
de los especialistas, sobre todo, del período del primer siglo de la
conquista árabe de Egipto, cuando la identidad del país no estaba
todavía influida por los árabes. En un estudio que hizo en 1972
sobre el tributo que Egipto les pagaba a los árabes durante los primeros
años de la conquista, Abbady contribuyó a poner nuevamente en
el tapete la economía egipcia durante y antes de este período
según un estudio comparado entre las unidades de medida romanas y las
cifras citadas por historiadores árabes que parecían vagas y contradictorias.
Esta confusión entre las dos identidades árabe y romana se reflejaba
en las unidades de medida, en todos los niveles. Durante todo el primer siglo
de la conquista árabe en Egipto, los servicios administrativos del Estado
utilizaban la lengua griega, y más tarde hay papiros escritos en las
dos lenguas, griego y árabe. "Entre estos últimos, uno explica
el nombre de la antigua capital de los árabes en Egipto, Al-Fostat. En
árabe, esto significa una carpa y la leyenda la liga a la carpa de Amr
Ibn Al-Ass, el conquistador árabe. Se trata de una carta enviada al califa
de Medina donde el nombre de Fostat es traducido como Fostaton, que designa
en latín a un campo militar rodeado por una fosa".
El
vasto mundo de los manuscritos antiguos parece haber seducido a este sobrio
sabio alejandrino y es hacia el comienzo de la década del 70 que él
se orienta hacia la historia de la ciencia y la técnica, un campo que
continúa explorando hoy y del cual la traducción de las ciencias
egipcias en griego es la cara más creativa. Ella muestra también
el impacto que ejerció el antiguo Egipto sobre la civilización
griega. Es con este interés creciente por la ciencia y la técnica
que Abbady comenzó a exponer su idea de reconstruir la antigua biblioteca
de Alejandría y a hacer viajes para promover la idea en las grandes bibliotecas
del mundo y en los institutos de investigación. "Si la opinión
internacional se interesó por el proyecto de hacer revivir la biblioteca
de Alejandría, es porque ella fue la primera en tener la ambición
de abrirse a culturas diferentes. La biblioteca de Alejandría no fue
la primera ni la más grande. Se encontraron bibliotecas en el antiguo
Egipto, en Babilonia y en Fenicia, pero eran de carácter nacional. En
la biblioteca de Alejandría había libros indios, persas, árabes,
fenicios, griegos y latinos".
Pero
cuando Moustapha Al-Abbady llamó a la reconstrucción de la biblioteca
por primera vez, en 1972, se dirigió a los responsables y a los profesores
de la Universidad de Alejandría diciéndoles que era una vergüenza
que la universidad no tuviera una biblioteca propia, dado ¡que era ella
la heredera de la biblioteca alejandrina! No era más que el comienzo
de un sueño romántico de regreso a una edad de oro, aunque Abbady
parece ser la última persona en tener una idea que no esté basada
en la realidad. "Ahora que se aproxima la apertura de la biblioteca, espero
que ella sea un centro de investigaciones culturales y científicas que
reúna los esfuerzos de los investigadores y sabios de Medio Oriente y
Africa, intentando abrirse a las realizaciones de los Estados Unidos y Europa…
Alejandría no es más la capital del mundo".
A
la espera, Abbady conserva el mismo ritmo de trabajo intensivo, pasa su tiempo
entre la sociedad de antigüedades de Alejandría de la que es presidente
y la universidad, donde supervisa masters y doctorados. Ya abuelo, a pesar de
su aire serio y su discreción, conserva la vivacidad y la elegancia de
un ex deportista. Es totalmente indiferente a la soledad en la que se encuentra
en su gran departamento. Su hijo mayor es profesor de informática en
los Estados Unidos y su hija, profesora de bioquímica en Alejandría.
Abbady está totalmente absorbido por su universo, del cual él
solo tiene el mapa, con sus detalles constantemente renovados.
La
fuente: Semanario egipcio Al Ahram Hebdo, una publicación del
grupo Al Ahram destinada a los francófonos (www.ahram.org.eg/hebdo). La traducción del francés pertenece a María Masquelet, para El Corresponsal (www.elcorresponsal.com).
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