La lucha política entre palestinos e israelíes se libra palmo a palmo
y no hay campo en el que no se diriman viejas o nuevas disputas. Ahora,
el ministro de Cultura de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser
Abed Rabó, ordenó que en las escuelas de los territorios autónomos
se estudien poemas de autores israelíes, en lo que es una clara reacción
a la campaña en Israel contra el poeta palestino Mahmoud Darwish.
Abed Rabó dio la orden de que se publique una selección representativa
de la poesía israelí, a fin de que se distribuya en las instituciones
educativas palestinas, según reveló el diario palestino Al-Ayam.
El ministro dijo que su iniciativa "es una respuesta a la campaña
israelí de instigación contra Darwish, que se lanzó después de que
su homólogo israelí, Yossi Sarid, decidiera incluir sus poemas en
el programa de estudios".
Abed Rabó añadió que "dicha medida fue adoptada por la ANP con objeto
de ampliar el conocimiento por los palestinos de la poesía israelí,
así como de la creación artística en hebreo en todas sus formas".
Nacido donde nada existe
Darwish es el poeta árabe contemporáneo más importante. Nació en
1942 en Barweh (Galilea), un pueblo que ya no existe: fue destruido
en 1948 por las tropas israelíes. El poeta tenía entonces seis años
y fue educado en la escuela israelí.
Como resultado de su actividad política, Darwish se enfrentó a arresto
domiciliario y prisión. Abandonó Israel en 1971 y vivió en el exilio
hasta su regreso a Palestina en 1996. Sus poemas son conocidos en
todo el mundo árabe y muchos de ellos han sido musicalizados.
Su poesía, naturalmente combativa, ha ganado refinamiento con los
años y Darwish goza de reconocimiento internacional. Ha publicado
más de treinta colecciones de poemas y obras en prosa, que
han sido traducidos a 35 idiomas. Actualmente es el editor en jefe
de la prestigiosa revista literaria Al Karmel, que ha reanudado su
publicación en enero de 1997.
El cineasta israelí Simón Bitón ha hecho un estupendo documental
acerca de Darwish ("Tierra, como lenguaje"), estrenado en la cinemateca
de Tel Aviv.
Militante comunista, Darwish sufrió persecuciones que lo obligaron
a abandonar su tierra y radicarse en El Cairo. Durante 25 años Israel
le denegó el permiso para regresar a reencontrarse con su madre, su
hermano y su patria.
Darwish ha vivido ese largo exilio en Beirut, Amán, Túnez y París.
"Mi nación es una maleta", fue una de sus frases más conocidas. También
diría: "Al fin de cuentas, hace ya años que mi nación es sólo lenguaje".
Sus poemas son de una hondura maravillosa y tanto los intelectuales
palestinos como los israelíes concuerdan en que la suya es una de
las obras más bellas que se hayan escrito acerca de esta tierra conflictiva,
amada y disputada. La gran parte de la población progresista de Israel,
que lee a Darwish, sostiene que debe formar parte del programa escolar.
Durante el período de las negociaciones de Oslo, y tras una fuerte
presión de dirigentes israelíes de izquierda, se le permitió la entrada
a su tierra por cinco días. La única condición que le impusieron Yitzhak
Rabin y Mordechai Gur (por entonces viceministro de Defensa) fue hacer
público su apoyo a los acuerdos de paz. No lo hizo. Entonces, el periodista
Guideon Levy (columnista de Ha'aretz, uno de los diarios de referencia
de la sociedad isarelí) dijo lo que todo el mundo pensaba: "Estar
en contra de los acuerdos de Oslo sólo les está permitido a los judíos
de derecha".
A pesar de que el poeta no apoya estos acuerdos, siempre estuvo en
favor del diálogo y la normalización de las relaciones en el Medio
Oriente, defendiendo la idea de dos países independientes, uno junto
al otro.
La actitud crítica de Darwish hacia el proceso de paz, así como
sus críticas feroces a la política pactista de Arafat y contra la
corrupción de su administración, le granjearon de rebote la enemistad
del gobierno de Israel, que hasta 1996 le prohibió el regreso a los
territorios autónomos.
Finalmente, Israel le permitió la entrada, para confinarlo en Ramallah,
donde hasta hace pocos meses ha vivido sin capacidad de movimiento
ni pasaporte.
"Yo soy mi nombre"
La represión de este poeta ha sido también, sin duda, una respuesta
a su popularidad, que permitió que uno de sus poemas se convirtiera
en el verdadero himno nacional de los jóvenes durante los años de
la Intifada, quienes, al tiempo que arrojaban piedras, lanzaban poemas
al ejército ocupante: "Yo soy árabe. El número de mi carné es el 50.000.
Número de hijos: ocho. El noveno llegará después del verano. Sin apellidos.
Yo soy mi nombre. Paciente infinito en un país donde todos viven sobre
las brasas de la cólera".
Hace poco Darwish confesó que su deseo es terminar el largo viaje
de su vida en la tierra en la que nació. Su historia es un ejemplo
de la tragedia palestina.
Pero la poesía comprometida de Darwish también fue arma de combate
entre los sectores aperturistas y los conservadores del Parlamento
de Israel, que amenazaron con hacer caer al gobierno de Ehud Barak.
La tempestad fue capitaneada por el partido de oposición Likud (de
derecha) y las tres formaciones religiosas que por entonces integraban
el gobierno (el Shas, el Partido Nacional Religioso y Torah y Judaísmo),
en respuesta a los proyectos del entonces ministro de Educación, Yossi
Sarid, quien planteó la posibilidad de introducir poemas de Darwish
en el programa escolar de literatura, en un intento de reflejar el
"carácter multicultural de la sociedad israelí".
La decisión desembocó en la amenaza de los contestatarios de presentar
una moción de censura contra Barak, quien rápidamente decalificó a
su ministro para conservar el poder.
Todo ello ocurrió ante los ojos escépticos y críticos de Mahmoud
Darwish, quien, desde la redacción de su periódico cultural, reflexionó
en voz alta: "Este incidente me lleva a pensar sobre la naturaleza
del proceso de paz en curso. ¿Se trata simplemente de acuerdos de
seguridad? Un proceso de paz exige la apertura de las puertas de la
fortaleza israelí, encerrada en su propia cultura. Una paz verdadera
obliga a aceptar al otro con todos sus componentes".
Dos
poemas de Darwish
El poema de Beirut
¡Bendita sea la vida!
¡Y benditos los vivos sobre la tierra!
¡No bajo los tiranos!
¡Viva! ¡Viva la vida!
Hay luna sobre Baalbek.
Y sangre sobre Beirut.
El Pasaporte
No me reconocieron en las sombras
que aspiraron todo mi color en el pasaporte
Y mi herida, para ellos, era una exhibición
para turistas que aman coleccionar fotos
No me reconocieron, oh...
No dejes mi palmera sin sol,
porque los árboles me reconocen
Todas las canciones de la lluvia me reconocen
No me dejes pálido como la luna!
Todos los pájaros que siguieron mi palmera
hasta la puerta del distante aeropuerto
Todos los campos de trigo
Todas las prisiones
Todas las tumbas blancas
Todas las fronteras
Todos los pañuelos que saludan
Todos los ojos estaban conmigo
Pero todo eso quedó fuera de mi pasaporte!
Sin nombre, ni identidad,
en un suelo que alimento con mis manos
Hoy Job (*) lloró, llenando el cielo
No hagan de mi un ejemplo por segunda vez!
Mis maestros! Mis maestros, los profetas!
No le pregunten a los árboles el nombre de ella
No le pregunten a los valles sobre su madre
Desde mi frente explota la Espada de Luz (**)
Y de mi mano fluyen vertientes que alimentan ríos
Todos los corazones de la gente son mi identidad
Así que llévense mi pasaporte!