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Sociedad
Los niños
soldados de Liberia dejaron la guerra, pero no las drogas
Para
muchos, las fotos de los niños soldados enloquecidos operando bajo la
influencia de las drogas eran las imágenes que definían la guerra
civil de Liberia. Ellas ya no ocupan las primeras planas de los diarios, pero
sí persiste el problema de la adicción de buena parte de los jóvenes
combatientes.
Por
Abdullah Dukuly
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| Niños
soldados de Liberia. |
Para
mucha gente, las fotos de los niños soldados enloquecidos operando bajo
la influencia de las drogas eran las imágenes que definían la
guerra civil de Liberia. Ellas ya no ocupan las primeras planas de los diarios,
pero sí persiste el problema de la adicción de buena parte de
los jóvenes combatientes.
Rebecca
Sackie, de 19 años, fue una de las reclutadas y obligada a consumir drogas
para convertirse en lo suficientemente valiente como para luchar. "Cuando
me reclutaron las fuerzas del gobierno, me dieron drogas para poder luchar contra
los enemigos. Luché duro y ahora soy capaz de hacer cualquier cosa. He
matado y puedo volver a matar... No me asusta la muerte", dice.
Sekou
Fofana, de 15 años, del grupo rebelde Liberianos Unidos por la Reconciliacion
y la Democracia (LURD), cuenta casi la misma historia: "Me dieron las drogas
para poder derrotar a Charles Taylor. Aunque Taylor se ha ido, nosotros todavía
estamos tomando drogas. Ahora somos adictos". (Taylor, presidente del país
entre 1997 y 2003, se exilió en Nigeria, por lo dispuesto en el acuerdo
de paz, firmado en Ghana, en agosto último).
Según
Edward Grant, un psiquiatra que trabaja en una clínica para adictos,
en Monrovia, las drogas transformaron a los niños soldados en "máquinas
de matar". Explica que más del 70% de los 40.000 combatientes del
país, la mayoría de ellos niños, continúa consumiendo
drogas, y muchos de ellos se han convertido en adictos. Para Grant, esto se
debe, en parte, a la gran anarquía que hay en Liberia con respecto al
uso de drogas.
La
presión del entorno también juega su papel en el problema. "Mis
amigos llevaban drogas a las reuniones sociales, donde sobre todo se fumaba
marihuana. Se envalentonaban y disfrutaban haciendo declaraciones salvajes -dice
John Caulker-. Tuve que imitar su modo de vida, porque esto me acercó
a ellos. Usted sabe, cuando uno está en las drogas, todo se hace más
sencillo. Uno pasa por alto cualquier cosa y a cualquiera".
Liberia
ha experimentado combates intermitentes de guerra civil, desde el año
80, aunque el conflicto más reciente comenzó en diciembre de 1998.
Desde ese momento, sustancias como la cocaína y la heroína, que
casi no habían sido vistas en Liberia, pasaron a ser comunes.
La
gente que introduce de contrabando las drogas en el país se aprovecha
de sus fronteras frágiles, y del hecho de que la lucha ha minado los
controles a la inmigración. La producción local también
desempeña su papel: desde antes de la guerra, la ciudad central de Palala
estaba llamada a ser el área principal de cultivo de marihuana.
"Las
drogas entran como quieren a Liberia, y no ha habido intentos visibles de las
agencias de aplicación de ley de parar el contrabando desenfrenado de
estas sustancias", dice Grant.
De
hecho, las mujeres de algunas personas de seguridad han sido acusadas de desempeñar
un papel prominente en el contrabando de drogas. Además, se dice que
Liberia se ha convertido en un lugar de tránsito para traficar a otros
Estados de la región.
En
una paradójica ironía, algunos ex combatientes han sido acusados
de usar los 75 dólares que les pagaron el año pasado como incentivo
del desarme, para comprar drogas. Alrededor de 1.800 soldados recibieron dinero
después de entregar sus armas a la misión de Naciones Unidas en
Liberia.
La
fuente: Mail & Guardian. Semanario
sudafricano, 37.000 ejemplares. Lanzado en seis semanas, a comienzos de 1985,
por un grupo de periodistas desocupados, el antiguo Weekly Mail construyó
su reputación sobre el combate emprendido por este equipo contra el apartheid
y el gobierno sudafricano, del que sufrió varias venganzas y presiones. En 1995,
The Guardian, de Londres, se transformó en accionista mayoritario del
semanario, que cambió de nombre. Transformada en el Mail & Guardian,
la revista sigue su trabajo de investigación y se dedica a combatir la corrupción.
Su seriedad y la calidad de sus artículos hacen de ella una publicación muy
apreciada. Con el lanzamiento, en marzo de 1994, de sus servicios on line, el
Mail & Guardian ha sido pionero
en Africa en este sentido, a pesar de que hoy la mayoría de las publicaciones
del continente disponen de sitios en Internet. La traducción del inglés
pertenece a Anna Der para elcorresponsal.com.
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