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Política
Miles
de antiguos niños soldados se reclutan como mercenarios en nuevos conflictos
de Africa Occidental
Según
Human Rigths Watch, jóvenes implicados en atrocidades en Liberia o Sierra
Leona se unen a facciones armadas de Guinea o Costa de Marfil.
Miles
de jóvenes y adolescentes africanos, muchos de ellos "curtidos"
en conflictos civiles como los de Sierra Leona o Liberia e implicados en graves
crímenes de guerra y contra la humanidad, están siendo reclutados
como mercenarios para luchar en los enfrentamientos internos de otros países
de la región, fundamentalmente Costa de Marfil y Guinea-Conakry, según
afirmó Human Rights Watch (HRW) en un informe, en el que pidió
que los esfuerzos internacionales para desarmar a estos jóvenes tengan
en cuenta la necesidad de ofrecerles alternativas de vida distintas de la guerra.
La
vida de estos "guerreros regionales" está descrita en 'Jóvenes,
pobreza y sangre: la herencia mortal de los guerreros regionales de Africa del
Oeste', un informe de 66 páginas elaborado por HRW a partir de entrevistas
con cerca de 60 ex combatientes que consiguieron cruzar las fronteras para luchar
en Liberia, Sierra Leona, Costa de Marfil y Guinea. El informe analiza también
las bases de este fenómeno de "mercenariado transfronterizo"
en Africa Occidental, que no son otros que la incapacidad de los programas de
desarme y desmovilización, a causa de la corrupción de sus gestores,
para asegurar a los antiguos niños soldados un medio de vida adecuada.
Desde
los años ochenta, la impunidad y el empobrecimiento han alimentado un
mecanismo de violencia extrema en países como Liberia, Sierra Leona o
Costa de Marfil, recuerda la organización. En numerosos casos, estos
combatientes, la mayoría de los cuales comenzaron su "carrera militar"
cuando aún eran niños reclutados a la fuerza, siguen alistándose
para participar, como mercenarios, en los numerosos conflictos que asolan la
región.
Muchos
de ellos cometen, de inmediato, crímenes de guerra y contra la Humanidad
contra las poblaciones civiles, mientras que "los políticos del
gobierno, corruptos y represivos, y los mercaderes de armas que inundan la región
con sus productos generan nuevos conflictos internos", asevera Human Rights
Watch.
"Acabar
con el ciclo de atrocidades en Africa Occidental depende del desarme de estos
combatientes, de su desmovilización y de que se les ofrezcan otras opciones
diferentes de la guerra", afirmó el director de la división
de Africa de Human Rights Watch, Peter Takirambudde.
Este
año, más de dos tercios de los antiguos combatientes interrogados
por Human Rights Watch declararon que habían sido reclamados para unirse
a "misiones" de combate en Guinea y en Costa de Marfil. Entre los
que se reclutaron para luchar en Guinea, la mitad afirmaron que fueron llamados
por comandantes que aseguraban representar a un grupo insurgente en curso de
formación. La otra mitad fue contactada por comandantes que aseguraban
luchar en favor del presidente del país, Lansana Conté.
El
pasado mes de marzo, una misión de Human Rights Watch en Liberia comprobó
que cientos de liberianos recientemente desmovilizados, entre los que había
niños, habían sido reclutados de nuevo desde octubre de 2004 para
combatir en Costa de Marfil. Los interrogados en el sudeste de Liberia explicaron
que se habían unido a las milicias asociadas al gobierno marfileño.
Víctimas
y verdugos
Según
la organización, estos jóvenes combatientes son, a la vez, víctimas
y autores de violaciones de los derechos humanos. La historia de estos niños
soldados comienza, según el informe, con su reclutamiento forzado, tras
el cual se encuentran ante un mundo brutal, con problemas psicológicos,
trabajos forzados y consumo de drogas, que los convierte en guerreros dispuestos
a violar, secuestrar, mutilar y matar a civiles.
Los
interrogados por Human Rights Watch habían combatido en las filas de
grupos tales como el Frente Nacional Patriótico de Liberia (NPFL) y el
Frente Unido Revolucionario de Sierra Leona (RUF). Pese a que estos movimientos
son responsables de asesinatos, violaciones y mutilaciones de decenas de miles
de civiles, los autores de estos hechos se han beneficiado de una "total
impunidad", denuncia el informe. Todos los combatientes interrogados para
elaborar el informe aseguraron que habían luchado en las filas de facciones
que, en diversos grados, cometieron graves violaciones de los derechos humanos
contra civiles, frecuentemente a gran escala y de forma sistemática.
Tras
su desmovilización, todos los jóvenes interrogados se encontraron
sin trabajo o viviendo en condiciones económicas precarias, lo que los
convirtió en "carne de cañón" para nuevos conflictos
en otros países.
Para
convencerlos de que volvieran a las armas se les prometió que recibirían
compensaciones económicas y que se les permitiría dedicarse al
pillaje. "Pensaba que las cosas irían bien, pero todo siguió
mal. No tenía qué comer", explicó uno de los jóvenes,
combatiente en varias guerras. "Debía alimentar a mis padres. Los
comandantes me dijeron que podía pagarme yo mismo, lo que quiere decir
que podía robar", añadió.
La
mayoría de los interrogados recibió al menos una parte de las
compensaciones financieras ofrecidas para su reclutamiento. Todos participaron
en saqueos y pillajes de bienes civiles, lo que constituye un crimen de guerra.
La mayoría explicó que utilizó el dinero para pagarse una
casa, los gastos de escolarización, los gastos médicos para sus
amplias familias o para montar un pequeño negocio.
"El
hecho de que la guerra se haya convertido en la única salida económica
para miles de jóvenes pone en evidencia las graves negligencias de los
gobiernos de sus países", denunció Takirambudde.
Los
programas de desarme
Por
ello, Human Rights Watch considera que los esfuerzos internacionales para desarmar
a los antiguos combatientes y reintegrarlos en sus comunidades de origen no
han sido más que "un éxito limitado".
Al
respecto, el informe pone en evidencia los problemas a que se han tenido que
enfrentar los programas de desarme, desmovilización y reintegración
de Naciones Unidas para los casos de Sierra Leona y Liberia. Asimismo, denuncia
la corrupción de los comandantes militares y de los responsables de los
programas de desarme, "que han desviado en su provecho fondos destinados
a sus subordinados".
Según
los jóvenes interrogados, los programas carecen de procedimientos adecuados
para registrar las denuncias por corrupción, e incluso aseguraron que
los defectos en la aplicación de estos programas han influido en su decisión
de retomar las armas en otros conflictos.
El
informe denuncia también la "grave falta de fondos" para el
programa liberiano de desarme, que ha dejado a cerca de 40.000 combatientes
expuestos al riesgo de no poder beneficiarse de los programas de formación
y educación, lo que los vuelve "aún más vulnerables
a nuevos reclutamientos en futuros conflictos". |