Chomsky es un intelectual controvertido y audaz. Su investigación lingüística
le ha traído indudable prestigio, pero sus escritos y discursos políticos,
en los que sin rodeos y crudamente critica a cualquier gobierno que piensa que
lo merece, lo han convertido en impopular, tanto dentro como fuera de los Estados
Unidos.
Sin embargo, es difícil imaginar un país que no se sentiría
honrado de recibir la visita de Chomsky, excepto Israel, que tiene sus propias
cuentas que saldar con él. Como judío que vivió aquí
durante un breve período en la década de 1950 y domina el hebreo,
Chomsky tiene un gran interés en los acontecimientos de aquí.
En muchos artículos, peticiones y cartas abiertas ha sido muy crítico
de las acciones y políticas de Israel.
Al igual que muchos otros miembros de la izquierda intelectual en los EE.UU.,
Chomsky ha condenado firmemente la ocupación y muestra simpatía
por la resistencia palestina. En los últimos años, a menudo ha
llamado a Israel como un estado de apartheid. Pero a pesar de ello, se ha opone
firmemente a cualquier boicot general en perjuicio del país. Dice que
solo los productos originados en los asentamientos deberían ser boicoteados,
así como los organismos que los apoyan, tanto en Israel como en el extranjero
(incluidos los EE.UU.), pero que no tiene sentido boicotear al pueblo israelí
en general o sus instituciones académicas.
Sin embargo, Israel ha perdido sus últimos restos de la tolerancia para
cualquier persona que no se una a su coro cada vez menor de partidarios. En
la derecha, pero no sólo allí, Chomsky es considerado un desertor,
un traidor, un enemigo del pueblo israelí. Los detalles del incidente,
según informa la corresponsal de Haaretz Amira Hass, parecen extraídos
del teatro del absurdo o de alguna sátira política en épocas
y lugares recordables por su infamia. Las preguntas que le planteó a
Chomsky un inspector de fronteras, por órdenes de sus superiores, hay
que leerlas una y otra vez para poder creerlas.
"A Israel -se le informó a Chomsky- no le gusta lo que usted dice".
¿Es esto un pretexto razonable para que un Estado democrático
detenga a alguien para ser interrogado o detenido en la frontera? ¿Y
quién es ese Israel al que no le gusta lo que dice Chomsky? ¿El
pueblo en general? ¿El Ministerio del Interior? ¿El Coordinador
de las Actividades Gubernamentales en los Territorios? ¿El gobierno?
Uno no tiene que ser un ardiente partidario de Chomsky para llegar a un acuerdo
con su opinión en el sentido de que Israel se está comportando
como la Sudáfrica de la década de 1960, cuando se comprendió
que era un Estado paria, pero tal vez podría resolverse el problema con
la ayuda de una mejor campaña de relaciones públicas.
Ahora que el asunto ha salido a la luz, fuentes del Ministerio del Interior
están afirmando que fue el COGAT (nota del traductor: unidad del Ministerio
de Defensa que coordina las actividades del gobierno en los territorios ocupados)
el que debería haber manejado a Chomsky, y que su detención fue
el resultado de un malentendido, mientras que el COGAT está afirmando
que ignoraba la llegada del intelectual. Esto es, a lo sumo, flagrante falsedad.
El ministro del Interior, Eli Yishai, y el primer ministro Benjamín Netanyahu deberían pedir disculpas a Chomsky y asegurarse de que se le permite moverse libremente por todo Israel y en toda la Ribera Occidental, incluida la Universidad Bir Zeit. No es demasiado tarde para reparar algo del daño causado por esta locura nociva.






