Pero su derecho a reitegrarse a sus respectivas familias está siendo
negado por el Ministerio del Interior. Hammada ha estado viviendo en la ciudad
por unos tres años de manera ilegal, sin ningún derecho y bajo
el peligro constante de ser arrestado y deportado, mientras que Abu-Khalaf tiene
dificultades para regresar, ni siquiera de visita.
El juez Noam Sohlberg del Tribunal del Distrito Jerusalén debe atender
sus demandas contra el ministerio de esta semana.
Los reglamentos del Ministerio del Interior prevén la derogación
de los derechos de los residentes palestinos de Jerusalén que dejan la
ciudad por un período de más de siete años. Los ciudadanos
de Israel pueden salir del país por el tiempo que lo deseen, y su ciudadanía
y sus derechos les pertenecen a perpetuidad. Pero cuando se trata de residentes
palestinos de Jerusalén oriental, Israel aplica regulaciones draconianas
cuya encubierta intención es llevar a cabo la expulsión de su
ciudad natal de tantos palestinos como sea posible.
Esta situación es intolerable: En un momento en que el primer ministro
habla con grandilocuencia de la reunificación de Jerusalén, Israel
practica la desigualdad y discrimina a los residentes árabes de la ciudad.
En un momento en que Benjamín Netanyahu habla de la promoción
económica de los territorios, Israel impide a los residentes árabes
de Jerusalén oriental que han progresado en sus carreras en el extranjero
que regrese a su ciudad natal para contribuir al desarrollo de su economía.
Los tornillos se han ajustado en los últimos años: en 2008 fueron
derogados los derechos de residencia en la ciudad de 4.557 palestinos, el número
más alto del que se tenga memoria.
Lo que le espera al juez Sohlberg ahora es mucho más que resolver el
destino de dos profesores de ingeniería eléctrica, sino una cuestión
de mucha mayor gravedad: la voluntad de Israel de continuar tratando a los habitantes
palestinos de su capital como si fueran migrantes extranjeros cuyos derechos
están condicionados.
Los derechos de los residentes palestinos de Jerusalén deben ser iguales a los de los judíos. Todos los habitantes de Jerusalén tienen el derecho a vivir en su ciudad, viajar al extranjero y regresar cuando quieran, sin ningún autoridades al acecho significan algún peligro para ellos.





