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jueves, mayo 9, 2024

Un cuento de dos manifestaciones

PolíticaUn cuento de dos manifestaciones

Un cuento de dos manifestaciones

Los disturbios en una manifestación pacifista de palestinos e israelíes pusieron al descubierto el tratamiento que el gobierno de Sharon les da a las protestas de colonos y a las de los opositores a sus planes. En la de los pacifistas, el gobierno infiltró a agentes que tiraron piedras a los soldados para proporcionar un pretexto para la represión. Pero algo salió mal: los hechos habían sido grabados por equipos de las televisiones extranjeras y la policía se vio obligada a admitir que tirar piedras es el método usado por los soldados secretos “arabizados” para confundirse entre la muchedumbre palestina.

Por Uri Avnery

Anteayer (28/4), se convocaron dos manifestaciones, separadas tan sólo por unas docenas de kilómetros.

Una tuvo lugar en el asentamiento de Homesh, no muy lejos de Jenín. Decenas de miles de colonos y sus simpatizantes se manifestaron en contra de la evacuación planeada de ese asentamiento. Los manifestantes juraron sabotear las decisiones del gobierno y de la Knesset. Uno de ellos declaró que sólo podrían sacarlos en ataúdes cubiertos con la bandera nacional.

Ciento de soldados y policías fueron apostados a lo largo de la ruta para proteger a los manifestantes contra todas las eventualidades. La radio oficial, La Voz de Israel, les dijo a sus oyentes que la policía de tráfico estaba actuando de acuerdo con las instrucciones de los líderes del Consejo de Asentamientos.

Al mismo tiempo, otra manifestación tuvo lugar en Bil’in, al oeste de Ramallah. Los habitantes de ese y otros pueblos vecinos, junto con los activistas por la paz israelíes, se manifestaron contra el “Muro de separación” que se está construyendo en sus tierras.

Esta manifestación fue atacada salvajemente por soldados y policías que asaltaron, pegaron, dañaron y arrestaron a los manifestantes empleando viejas y nuevas armas. El personal de seguridad, como dice la expresión hebrea, “tenía el asesinato en sus ojos.”

En esta área, no hay ni siquiera la pretensión de que el Muro de separación sirva a propósitos de seguridad. El objetivo real es evidente para cualquiera que visite el lugar: robar a Bil’in y a los otros pueblos su tierra para agrandar el asentamiento de Kiryat Sefer.

Yo recuerdo ese lugar hace unos diez años. Entonces, estaban expropiándose unos olivares bien cuidados que fueron destruidos por excavadoras. También, en ese momento, los lugareños nos pidieron protestar e intentar detener esto.

Ahora, un pueblo grande de judíos ultraortodoxos se ha construido allí y ha estado ampliándose rápidamente. El muro de separación pasará cerca de las últimas casas de Bil’in y separará al pueblo del resto de sus tierras. En esta tierra se construirán nuevos barrios de Kiryat Sefer. Junto a los asentamientos cercanos de Modi’in Ilit y Matitiyahu, éste es uno de los “bloques de asentamientos” que los gobiernos israelíes (tanto del Likud como Laboristas) quieren anexionar a Israel, con la bendición del presidente Bush.

El plan de los lugareños era conducir una manifestación pacífica al trazado del Muro y plantar algunos simbólicos plantines de olivos. Pero la experiencia en estaárea nos ha enseñado que debe esperarse que las fuerzas de seguridad reaccionen violentamente. Por consiguiente, se pidió que tomaran parte solamente los activistas que conocen las condiciones y tienen experiencia en el trato con las fuerzas de seguridad. Éramos unos 200 israelíes, hombres y mujeres de todas las edades. Las instrucciones dadas en los autobuses, oralmente y por escrito, eran las de mantener la manifestación en estrictos términos pacifistas.

Esperábamos que los autobuses fueran detenidos en el trayecto y nos preparamos para esta eventualidad. Por consiguiente, realmente quedamos sorprendidos cuando llegamos al pueblo sin incidentes. Sólo después nos dimos cuenta de que era una trampa.

En el pueblo, nos unimos a unos mil habitantes de este y de los pueblos vecinos, hombres, mujeres y niños, y nos pusimos en camino hacia el Muro. A la cabeza caminaba el ex ministro palestino Kadura Fares, el candidato presidencial Mustafá Barghouthi, los miembros árabes de la Knesset, Barakeh, Zakhalkeh y Dahamsheh, los jefes del pueblo y yo. Portábamos ramas de olivo en nuestras manos, para plantar a lo largo del trazado del Muro. Los jóvenes del pueblo también llevaban una bandera palestina de 50 metros de largo. Delante de nosotros, una furgoneta decorada marchaba despacio y un activista palestino en ella anunciaba en hebreo, a través de un potente altavoz: “¡Ésta es una manifestación pacífica y no violenta!”

Un kilómetro antes de llegar al trazado del Muro, una hilera de personal de las fuerzas de seguridad nos detuvo. No llevaban ninguna insignia, por lo que no supimos si eran soldados o policías de fronteras.

De repente, sin advertencia alguna, una salva de granadas de gases lacrimógenos fue lanzada sobre nosotros. En unos segundos, fuimos envueltos por una nube de gas blanco, con el estruendo de granadas detonantes estallando, que nos venían desde todas las direcciones.

Los manifestantes, tosiendo y ahogándose, nos dispersamos a los dos lados. Muchos de ellos flanquearon a los soldados y continuaron avanzando sobre el terreno rocoso. Fueron detenidos por una segunda fila y también rociados con gases lacrimógenos.

Nosotros, a la cabeza de la manifestación, seguimos y alcanzamos un punto aproximadamente a unos 50 metros del trazado del Muro, cuando una tercera línea de soldados nos atacó. El diputado Barakeh tuvo una acalorada discusión con un oficial, y mientras estaban discutiendo apasionadamente un soldado disparó una granada de gas justo entre las piernas de Barakeh. Resultó levemente herido en la pierna. Otro soldado particularmente feroz me arrebató el cartel que estaba sosteniendo con mis manos -el emblema de Gush Shalom, con las banderas de Israel y Palestina- y me empujó salvajemente, golpeándome además.

En otros lugares, el alboroto era aún peor. Muhammad Hatib, uno de los jefes del pueblo, se dio cuenta de que un hombre, con la cara cubierta, empezó a tirar piedras a los soldados. Corrió hacia él y le gritó: “¡Decidimos no tirar piedras! ¡Si usted quiere tirar piedras, hágalo en su propio pueblo, no en el nuestro! ¿De qué pueblo viene usted?” El hombre se volvió hacia él y lo atacó, al mismo tiempo que llamaba a sus compañeros; se quitó el pañuelo de la cara y se puso una gorra de policía.

Así se destapó el secreto y también fue documentado por las cámaras: soldados “arabizados” secretamente infiltrados habían sido puestos en acción. Éstos empezaron tirando piedras a las fuerzas de seguridad para proporcionarles un pretexto para que nos atacaran. En el momento en que fueron descubiertos, se volvieron contra los manifestantes más cercanos a ellos, blandieron revólveres y empezaron a arrestarlos. Después, cuando se puso en evidencia que los hechos habían sido grabados por equipos de las televisiones extranjeras, la policía confirmó oficialmente que tirar piedras es el método usado por los soldados secretos “arabizados” para confundirse entre la muchedumbre.

En el transcurso del día, emergieron más detalles sobre los hechos: que era una unidad que nunca antes se había empleado para semejante acción: la unidad del Servicio de Prisiones Massada, cuyo trabajo normal es reprimir motines en las prisiones. Esta es una unidad especialmente salvaje, quizás la más violenta del país, que fue dotada con nuevos medios “antidisturbios”. Entre otros: balas de sal diseñadas para causar heridas particularmente dolorosas. Muhammad Hatib, el hombre arriba citado, de 30 años y padre de dos niños, recibió cuatro de estas balas en su espalda: grandes anillos de cardenales hinchados llenaron todo lo ancho de la misma.

Estas balas de sal fueron traídas a Israel desde Estados Unidos a principios de los años noventa, pero hasta ahora el ejército se había inhibido de usarlas, temiendo las protestas del público. Fueron probadas por primera vez en nosotros.

Parece que el ejército preparó la acción entera de antemano como una trampa. La unidad Massada probó sus tácticas y armas en esta marcha pacífica de civiles.

La diferencia chocante del modo en que las dos manifestaciones fueron tratadas provee de alimentación al pensamiento.

Los colonos están abiertamente preparando e intentando paralizar el estado, impedir la aplicación de las decisiones del gobierno y de la Knesset, y, en efecto, derrocar la democracia israelí. Pero Ariel Sharon y su gente llaman públicamente a “abrazarlos”, a “amarlos” y “ver su dolor con comprensión”. Esta es la directiva dada a las fuerzas de seguridad. Para los activistas por la paz, el tratamiento indicado es bastante diferente.

Esto arroja a la luz un fenómeno mucho más importante que puede determinar el futuro de Israel. Aquí, la gente se ha acostumbrado tanto a eso que lo acepta como natural. En el extranjero, la población no tiene conocimiento sobre esto.

El hecho es que todos los días, todos los medios de comunicación israelíes consagran sus más importantes noticiarios a la propaganda de los colonos. Cada programa de noticias de cada uno de los tres canales de televisión, da una cobertura exhaustiva a los asuntos de los colonos, discursos de los colonos y entrevistas a colonos. A menudo, estos informes llenan medio programa de las noticias.

Entre los colonos y los medios de comunicación ha venido a darse un tipo de simbiosis; trabajan “con una cabeza.” Todos los días se preparan varios actos para los medios de comunicación, que ávidamente les hacen hueco para servir como órganos de propaganda impaga de los colonos y de la extrema derecha. Alguna vez fue usual dar el derecho de replica a la otra parte, por eso del “equilibrio”. Ya no. No hay ninguna otra parte, ningún otro lado.

En los programas de las noticias, ni una palabra -literalmente ni una palabra- de crítica a los colonos se ha oído jamás. La clase dirigente “izquierdista” también habla de la necesidad de “abrazarlos” y “entenderlos”, y así, por supuesto, lo hacen todos los portavoces del gobierno y de los grandes partidos. A las personas que tienen una opinión opuesta, no se les da ninguna oportunidad de hablar sobre los colonos en los principales medios de comunicación del país.

De esta manera, la democracia israelí pone todos sus medios de comunicación exclusivamente a disposición de los enemigos de la democracia. Incluso en la República de Weimar, la estupidez no llegó tan lejos.

¿Absurdo? Sólo lo parece. En realidad, refleja la situación verdadera: a pesar de todo lo hablado en voz alta sobre la “desconexión”, el corazón de Sharon está con los colonos. Él piensa anexionar a Israel la mayoría de los asentamientos de Cisjordania, si no todos ellos.

La controversia actual sobre un manojo de pequeños asentamientos en la Franja de Gaza es, a sus ojos, un tipo de riña familiar, y pasará rápidamente. Realmente, Sharon podría estar interesado en alimentar la conmoción, para convencer a los norteamericanos de que es poco realista esperar que él desmantele los asentamientos y puestos avanzados de Cisjordania. Un hecho: el ejército y la policía nunca han usado, ni una sola vez, gases lacrimógenos contra los manifestantes de derechas, incluso cuando físicamente han sido atacados y dañados por estos (como pasa regularmente en Hebrón, por ejemplo) o cuando los colonos bloquean carreteras vitales y causan grandes atascos.

Por otro lado, la controversia con nosotros, los activistas por la paz, la oposición real al gobierno, es una lucha genuina por el futuro de Israel: de si será un estado dentro de las fronteras de la Línea Verde, un estado liberal, democrático, que viva en paz con un estado palestino viable a su lado; o un estado agresivo, nacionalista, que confiscará prácticamente toda Cisjordania y que mantendrá a los palestinos en algunos enclaves aislados.

Si uno lo ve de esta manera, las directrices dadas al ejército son bastante lógicas: abracen a los colonos, porque ellos son nuestros hermanos, y peguen a los activistas por la paz, porque ellos son el enemigo.

La fuente: Uri Avnery es periodista, ex legislador y pacifista israelí. La traducción del inglés pertenece a Carlos Sanchís para elcorresponsal.com.

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